En
donde reposan las cenizas de Juan Diego
Por Alfonso Marcué
González.
Creencia generalizada es que
el venturoso mensajero de María, Juan Diego, vivió los últimos años de su vida
hasta su muerte, acaecida en Junio de 1548, al servicio exclusivo de la Señora
del Cielo muy cerca de ella, a un lado de la primera capilla en un cuartito de
adobes “que le hicieron sus paisanos”.(1532 o 1533).
La
segunda Ermita o capilla fue levantada poco tiempo después de la primera provisional,
en el mismo sitio en que ésta se encontraba, ocupando también parte de lo que
fue se atrio; o sea debajo del presbiterio de la actual Parroquia
Archipresbiterial, saliendo por lo mismo los cimientos de su fondo de entre el
piso de esta primera; así lo indican los vestigios encontrados últimamente en
dicho lugar.
Según el criterio de varios
historiadores guadalupanos, los restos de Juan Diego fueron piadosamente
inhumados cerca del altar donde se veneraba a la Virgen Santísima de Guadalupe;
y como se vera no pudo ser en otro lugar sino en esta segunda capilla por que
el Indio venturoso murió en 1548.
Ocho años más tarde de
ocurrida la muerte de Juan Diego, fue mandada construir la tercera Ermita por
el Sr. Obispo Montúfar el año de 1556, en substitución de la capilla muy chica
construida por los indios de Cuautitlán, y en el lugar mismo que ocuparon las
anteriores.
De esta tercera Ermita son
las paredes y techo de lo que hoy es sacristía de la mencionada Parroquia, y
cuya puerta de entrada ahora tapiada, y piso cubierto con un terraplén, se
encontró al quitar el aplanado de las paredes y al levantar los dos pisos de
madera que, uno debajo del otro, había tenido la capilla.
.La extensión que tenía
entonces esa tercera Ermita es la misma que tiene ahora la Sacristía de la
Parroquia, a saber: 10.44 m. De largo por 6.25 m. De ancho y 6.68 mtrs. De
altura, tomada ésta desde su propio piso encontrado bajo el dicho terraplén.
Así es que bien podemos
suponer, como asegura el Sr. Cango. Montes de Oca que inició los trabajos de
excavación el año de 1937, que cuando el Sr. Obispo Montúfar pensó en levantar
la nueva capilla en el lugar en que estuvo la primera, tuvo muy presentes dos
cosas: primera el hacerla de moso que el lugar destinado al altar coincidiera con
el punto en que lo tuvo aquella primitiva; y la segunda, el hacerla grande para
que, además de las ventajas propias de la mayor extensión, abarcara los dos
sitios de las dos capillas que hasta entonces habían tenido la dicha de poseer
la milagrosa tilma y encerrara a la vez, por de pronto entre las paredes que se
fueran construyendo, la Ermita en que estaba María Santísima, a fin de que
siguiera en ella el culto, mientras se terminaba totalmente la nueva Capilla,
ya que no había lugar digno a donde llevar mientras la Sagrada Imagen.
Ahora bien, una vez conocido
el sitio exacto de la tercera Ermita, trataré de localizar con argumentos el
lugar probable donde pudieran encontrarse los restos de Juan Diego dentro de
los límites de esos centenarios muros de la actual Sacristía de la
Parroquia.
Para ello contamos con el
testimonio de una lápida sepulcral, por que tal es un medallón de madera
encontrado suelto el año de 1797 y que seguramente
formó parte del altar de la Santísima Virgen de Guadalupe, cuando esta Imagen
se encontraba en esa tercera Ermita; y que dicho medallón en forma de ovalo
tiene una inscripción en su frente con una leyenda textualmente dice: “En
este lugar se apareció Nuestra Señora de Guadalupe a un indio llamado Juan
Diego y que está enterrado en esta Iglesia”.
Iglesia”.
Por lo que se deduce que
dicho medallón efectivamente cubría el nicho que contenía los huesos de Juan
Diego.
Y para probar que se deduce lo anterior basta el feliz e inesperado
hallazgo del cuerpo de Rev. Padre D. Miguel
Sánchez, realizado por el Sr. Canónigo Montes de Oca en 1937, y que
pueden fijar el sitio mismo donde reposan las venerables cenizas de Juan Diego.
El Br. Don Miguel Sánchez
que falleció en 1674, fue su voluntad que sus restos quedaran en la Ermita que
tanto veneró, cerca de las sepulturas de Juan Diego y Juan Bernardino. Lo cual
se cumplió fielmente.
Al efectuar un
reconocimiento en el muro poniente, que es el que separa la Sacristía del
presbiterio de la Parroquia, a 0.70 cm. Sobre el nivel del piso primitivo, y a
1.49 m. De la pared norte, a unos treinta centímetros distante de la
superficie, se encuentra una caja mortuoria forrada de lámina de zinc, ya
deshaciéndose ésta por la acción del tiempo y dentro de ella el cuerpo de un
sacerdote con hábito café, con una estola, con pantuflas y el rostro cubierto
con la capucha. Las manos enclavijadas y desnudas sobre el pecho, tienen
sueltas y caídas las falanges de los dedos, pero la forma general del cuerpo
estaba intacta debido tal vez a la resistencia ofrecida por las telas del
vestido.
Si los restos pertenecen al
Br. Don Miguel Sánchez , como es de presumirse, este queda precisamente arriba
de las sepulturas de aquellos siervos de Dios, Juan Diego y Juan Bernardino, a
la distancia de unos tres metros.
Santa María de Guadalupe, 12 de Mayo de 1948.