Agradecemos
al Ing. Joel Romero, la autorización para publicar en nuestra página el
siguiente capitulo, tomado de su libro: Juan
Diego, su peregrinar a los altares. Edc. Paulinas. México.
Las Animadversiones
Por Ing. Joel
Romero Salinas
Fueron estudiadas
cronológicamente a pesar que la primera animadversión por fecha, fue conocida
327 años después de su supuesta fecha de realización en 1556 y después también
que fue escrita la célebre Carta Antiaparicionista de Don José Joaquín García Icazbalceta
en 1883 en la que se divulga como el argumento contundente contra la tradición
constante que afirma que la Imagen no fue pintada por mano humana.
La carta del Sr.
García Icazbalceta, fundamentada y promotora de las Informaciones de 1556 fue
enviada como animadversión a la sagrada Congregación de Ritos en el Vaticano,
con el propósito de impedir la concesión de un nuevo Oficio en honor de la
Virgen de Guadalupe.
La carta fue estudiada
cuidadosamente, el Promotor de la fe presentó 71 dudas, mismas que fueron
aclaradas, motivo por el cual con fecha 6 de marzo de 1894 se concedió Oficio
Propio en honor de B.M.V. de Guadalupe.
En la aclaración de dudas fueron utilizadas las INFORMACIONES de 1666.
No obstante que
canónicamente había un fallo previo favorable, el Relator General Mons.
Giovanni Papa se empeñó en resolver las animadversiones a la luz de los
hallazgos documentales recientes.
Con prosperidad a la
beatificación de Juan Diego el Emmo. Sr. Dr. Cardenal Ernesto Corripio Ahumada
pidió siguiera investigando en torno a la historicidad del Hecho Guadalupano
para encontrar nuevos aportes de posible utilidad en la Causa de Canonización
de Juan Diego que continúa.
Al ahondar con nuevas
perspectivas en las INFORMACIONES de 1556 se ha encontrado que éstas y su
historicidad en forma y fondo tienen graves incongruencias que orientan la
certeza de su falta de autenticidad.
Información de 1556
No obstante la fecha
precisa de realización que se asiente en el inicio del documento, éste no fue
conocido sino hasta su publicación por vez primera en Guadalajara, Jalisco en
1884. 1
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1. DE LA TORRE
VILLAR ERNESTO Y NAVARRO DE ANDA RAMIRO, Testimonios Históricos
Guadalupanos, México 1982, p.36
En el año de 1888 se hizo en México una edición “impresa por Don Albino
Feria... esta obra... llevó un pie editorial por Don Albino Feria... esta
obra... llevó un pie editorial fingido, el de Madrid, Imprenta La Guirnalda,
1888. Esta edición apareció con una
carta de Don José María de Agreda y Sánchez, el notable bibliógrafo, dirigida a
los supuestos editores españoles en la que relataba cómo había aparecido la información
y qué personas la habían leído, entre ellas García Icazbalceta y el canónigo
Andrade de inclinaciones antiaparicionistas” 2.
Como se desprende por
el análisis de fechas, el documento fue publicado más de tres siglos después;
de manera dolosa, en vísperas de la “coronación” de la Virgen de
Guadalupe. El 19 de marzo de 1887 por
carta pastoral de los arzobispos de México, Guadalajara y Michoacán, se dio a
conocer el breve pontificio relativo.3
La información fue
mandada practicar por el Arzobispo de México, Don Fray Alonso de Montúfar con
motivo de un sermón que en la fiesta de la Natividad de Nuestra Señora (8 de
septiembre de 1556), predicó en la Capilla de San José de los naturales del
convento de San Francisco de México, el provincial Fray Francisco de
Bustamante.
En dicho sermón se
dijo:
“que le parecía que la devoción que esta ciudad ha formado en una
ermita y casa de Nuestra Señora, que han intitulado de Guadalupe (es) en gran
perjuicio de los naturales porque les daban a entender que hacía milagros
aquella imagen que pintó un indio...”4
El sermón pronunciado
ante el Virrey de Velasco5, por sus
circunstancias y por quien lo pronunció suplicando “al Sor Visorrey y
oidores que lo mirasen bien y averiguasen, aunque su Sria. Ilma, era juez
eclesiástico, ellos lo podían todo, y que si al primero que salió con este
milagro y lo azotaran y castigaran...”6,
era una acusación pública, que no prosperó.
Hasta con la fecha con excepción de estas informaciones de 1556, no
existen documentos que hablen del suceso, o que muestren que el Arzobispo
Montúfar fuese molestado, reprendido o llamado a cuentas por la pública
acusación del provincial Bustamante, quien llegó a México en año de 1542, once
después de la fecha que guarda la tradición.
----------
2. Ibid.
3. Álbum del
450 Aniversario de las Apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe, México
1981, p. 128.
4. DE LA TORRE
ERNESTO Y NAVARRO DE ANDA RAMIRO, Testimonios Históricos..., op. Cit. P.
43.
5. O’GORMAN
EDMUNDO, Destierro de Sombras, México 1986, p. 83.
6. DE LA TORRE
VILLAR ERNESTO Y NAVARRO DE ANDA RAMIRO, Testimonios Históricos..., op.
Cit.. p. 45.
Aunque en el célebre
“sermón” el Provincial no se refirió ni al Siervo de Dios Juan Diego ni a
particularidades en la Tradición, con su afirmación los desecha como su firme
sustento, y da pie al antiaparicionismo desde Icazbalceta hasta O’ Gorman,
quienes con base en este documento y sin aportar otros, pretenden esclarecer o
“desterrar sombras” respecto del suceso cristiano más singular de la época
contemporánea.
El Arzobispo Montúfar
por su parte, mandó realizar estas informaciones, según asientos en ellas, el
notario apostólico, Francisco Gos de Zárate:
“y que para
saber y averiguar la verdad, y si el dicho padre provincial había dicho alguna
cosa de que debiese ser reprendido, quería hacer información de personas que en
dicho sermón se hallaron”7.
Si bien es cierto que
el juicio fue sobreseído contiene información que avala que la tradición es más
antigua que la información y por tanto se remonta al período episcopal de Don
Fray Juan de Zumárraga.
El testigo Juan de
Masseguer8 dijo:
“que todo el pueblo aún tiene gran devoción en la dicha imagen de
Nuestra Sra., y la van a visitar con gran frecuencia de gente y devoción, que
va a visitar a Nuestra Sra., de todo género de gente, nobles ciudadanos e
indios, aunque sabe que algunos indios han ativiado en la dicha devoción porque
los frailes se lo han mandado...”.
Este testimonio
confirmó la tradición respecto del culto indígena y revela por análisis de
tiempos que el culto era anterior a 1556, año en que los antiaparicionistas
como O’Gorman9, suponen que el Señor Montúfar debió
haber mandado colocar la imagen en la “vieja ermita franciscana del
Tepeyac”. Fray Alonso de Montúfar llegó
a México a mediados de 1554, presidió su primer cabildo el 3 de junio de 155410, en sólo dos años se antoja, por características sociales de
la época muy difícil promover, desarrollar y mantener una tradición
especialmente entre los indios que para entonces eran totalmente fieles a los
franciscanos y éstos cono lo afirma el testigo Juan de Masseguer11, estaban en contra de esa devoción, tal que la combatía a los
indios.
-----------
7. Ibid. P. 47.
8. Ibid. P. 71.
9. Ibid, p. 21
10. Primer
Libro de Cabildos, catedral de México.
11. DE A TORRE
VILLAR ERNESTO Y NAVARRO DE ANDA RAMIRO, Testimonios Históricos..., op.
Cit., p. 69
Respecto a la
información del Provincial Bustamante, que la imagen fue pintada por un indio,
caben los siguientes comentarios:
El lienzo que contiene
la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe ha sido revisado, retocado y aún
preservado como lo ha hecho recientemente el Abad Guillermo Schulenburg y no se
encontró ninguna firma o vestigio indicial de factura indígena12.
El testigo de las
informaciones Alonso Sánchez de Cisneros declaró que le oyó decir al provincial13, “era una pintura que había hecho Marcos, indio pintor”. En esa época, en efecto había pintores
egresados de la escuela de Artes que dirigía el franciscano Fray Pedro de Gante
y hasta ahora no existe ningún documento conocido en que Fray Pedro corrobore
la aseveración de su provincial, máxime que como contemporáneo y morador de San
Francisco en esa época le hubiera sido facilísimo probarlo y contribuir a que
el odiado Arzobispo Montúfar se volviera por la mar como lo testimonia el
citado testigo Juan de Masseguer14.
En esa época se
realizaba el primer Concilio Mexicano promovido por el Arzobispo Montúfar, fue
convocado para la festividad de San Pedro y San Pablo del año 1555 15, se prohibió tener pinturas que fueran falsas o promovieran
la idolatría. El concilio fue firmado el
12 de diciembre de 1556 16, sin manifiesta
oposición, cuando apenas transcurrían tres meses de la acusación pública del
Provincial Bustamante.
Coincidiendo con el P.
Ernet J. Burrus S.J.17, quien fija la
fecha 1552-1560 como probable en que Antonio Valeriano escribió el Nican
Mopohua, el historiador antiaparicionista Edmundo O’Gorman en su obra Destierro
de Sombras 18, anota:
“1556, septiembre 8, antes de, Valeriano debió componer el ficticio
relato de las Apariciones de la Virgen en el Tepeyac a Juan Diego y del
estampamiento de la imagen en la tilma de éste en presencia del Obispo
Zumárraga, el llamado Nican Mopohua (según la tesis de este libro el objeto
primordial de Valeriano fue sacralizar como imagen de origen sobrenatural la de
la Virgen –aparecida- en el Tepeyac en 1555)”
-------------
12. 4 de
noviembre de 1982.
13. DE LA TORRE
VILLAR ERNESTO Y NAVARRO DE ANDA RAMIRO, Testimonios Históricos..., op
cit., p. 63
14. Ibid., p.
69
15. GUTIERREZ
CASILLAS JOSE SJ., Historia de la Iglesia en México, México 1984, p. 83.
16. ROMERO
SALINAS JOEL, Precisiones Históricas de las Tradiciones Guadalupana y
Juandieguina, México 1986, p. 71.
17. GRAJALES
GLORIA y BURRUS ERNEST J. S.J. Bibliografía Guadalupana, Washington
U.S.A. p. 12.
18. O’GORMAN
EDMUNDO, Destierro de..., op. Cit., p. 168.
Queda claro que el
Nican Mopohua fue escrito por Antonio Valeriano antes de las Informaciones de
1556.
La tesis conjetural
del historiador O’Gorman (arriba citado), es endeble especialmente cuando se
sabe con precisión que en 1554, Don Antonio Valeriano era profesor del Colegio
franciscano de Santa Cruz de Tlatelolco, tal como lo asevera Francisco Cervantes
de Salazar en su Diálogo Segundo 19.
“tiene un maestro de su propia nación, llamado Antonio Valeriano, en
nada inferior a nuestros gramáticos, muy instruidos en la fe cristiana, y
aficionado a la elocuencia”.
Por esta referencia
precisa se explica la forma poética, bella del Nican Mopohua, y se entiende que
por el parentesco de Valeriano con el Siervo de Dios Juan Diego, se escribió la
narración original, que no fue destruida a pesar de que en 1556 tuviera una
devoción no aceptada por los franciscanos como lo afirma el citado testigo Juan
de Masseguer20.
Por lo que se refiere
a Don Antonio Valeriano, siguió teniendo la confianza de los religiosos de San
Francisco, tal que fue profesor de Fray Juan de Torquemeda autor de la
Monarquía Indiana 21, quien en esta obra
afirma:
“y deste buen ejemplo tenemos a Don Antonio Valeriano, indio, natural
del pueblo de Azcaputzalco, una legua desta ciudad, gobernador de la parte de
San Juan, que llaman Tenuchitlan, que aviendo salido buen latino, lógico y
filósofo, sucedió a sus maestros arriba nombrados, en leer la gramática en el
colegio, algunos años... el qual murió el año de mil y seiscientos y cinco; y a
su entierro que fue en el convento de San Francisco en la Capilla de San José,
se hallaron muchos gentós, así de indios, como de españoles, y fueron los
colegiales deste cologio, a asistir en él...”.
El análisis de la
información expresada, cancela la conjetura del historiador O’Gorman de que Don
Antonio Valeriano hubiese inventado la tradición de haber sido así, ni el
franciscano Sahagún, ni Torquemeda lo hubieran aceptado como maestro. Pese al conflicto Montúfar-Bustamante el
Nican Mopohua se conservó por ser el fundamento del Suceso Guadalupano.
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19. CERVANTES
DE SALAZAR FRANCISCO, México en 1554 y Támulo Umperial, México 1982,
p.55
20. DE LA TORRE
VILLAR ERNESTO Y NAVARRO DE ANDA RAMIRO, Testimonios Históricos., op.
Cit., p. 69.
21. TORQUEMEDA
FRAY JUAN DE, Monarquía Indiana, México 1944, t. 3, p. 114
Existen evidencias muy
claras que desde antes del conflicto Montúfar-Bustamante, la imagen de Nuestra
Señora de Guadalupe fue reproducida: el padre Francisco de Florencia S.J., en
su libro La Estrella del Norte de México publicado en 1688, afirma que
el Siervo de Dios Juan Diego tenía una imagen que en la hora de su muerte
(1548) dejó a un hijo llamado Juan
“y este hijo se la dejó también estando para morir a otro hijo suyo
llamado Juan, nieto del principal Juan Diego, el qual nieto estando in agone
envió a llamar a dicho R.P. Juan de Monroy, en cuyos brazos dio el alma a Dios”22.
La imagen de
referencia tuvo varios propietarios, los últimos, la obsequiaron a S.S. Juan
Pablo II durante la visita que realizó a México, la imagen se encuentra ahora
en su departamento pontificio.
El domingo 7 de
noviembre de 1977, el Diario Excélsior de la Ciudad de México publicó en su
magazine dominical un reportaje gráfico con el título “En Guatemala, la otra
Guadalupana”, el autor del reportaje es el Sr. José Calderón Salazar,
corresponsal del diario mencionado. En
el texto se afirma que es la primera copia que se hizo en México, se cita
también que “Agustín Estrada Monroy historiador notable, afirma que la Virgen
fue traída (a Guatemala) por 1540-1542” seguramente por los frailes mercedarios
y un puñado de Tlaxcaltecas. La imagen
se venera en la Parroquia de Mixco cerca de la Ciudad de Guatemala que en el
paraje denominado “Valle de la Virgen”.
La información
proporcionada clarifica que antes del conflicto Montúfar-Bustamante en 1556 ya
se reproducían imágenes guadalupanas, por la fuerza de una tradición que era
anterior a 1555, lo que desecha la tesis conjetural del historiador O’Gorman
que se ha citado en párrafos anteriores.
Puede concluirse que a
favor de la afirmación del Provincial Bustamante, no hay hasta la fecha ningún
otro documento relativo, como no sea la propia información realizada por el
Arzobispo Montúfar.
Debe señalarse además,
que hasta antes de la publicación en 1884, ningún animadversor se refiere a
este conflicto, así como tampoco señalan que la imagen hubiera sido pintada por
un indio. Los historiadores franciscanos
tampoco se refieren al conflicto, ni Sahagún en su Historia General de las
Cosas de la Nueva España (1576); ni Fray Jerónimo de Mendieta en la Historia
Eclesiástica Indiana (1596); ni Fray Juan de Torquemeda en la Monarquía
Indiana (1615).
----------
22. FLORENCIA
FRANCISCO E. S.J., La Estrella del Norte de México, Madrid 1985 p. 424.
También debe señalarse
que el bibliófilo Don José María de Agreda y Sánchez, autor de la carta que
apareció, en la publicación supuestamente española, siguió una profunda
investigación con el propósito de esclarecer todo lo relativo a las
Informaciones, sin encontrar nada más, como puede comprobarse en el “Fondo
Agreda y Sánchez” que conserva el Archivo General de la Nación de la Ciudad de
México.
Controversia de Don Juan Bautista Muñoz (1794).
Memoria sobre las Apariciones
Y el culto de nuestra Señora de Guadalupe
El autor de la
impugnación fue un erudito de su época, doctor en Teología, con inclinación a
la modernidad23, fue designado por el Rey Carlos III
en 1770 cosmógrafo mayor de Indias y posteriormente preceptor del Infante,
Francisco Javier.
El 18 de abril de
1794, leyó la controversia o animadversión en la Academia de la Historia de
Madrid 24 misma que fue impresa en las Memorias de
la propia Academia en el tomo V, No. 10 al 12 en Madrid en 1817. 25
El autor afirma: “con
la muerte de los apóstoles y evangelistas se cerró el canon de las Escrituras
Sagradas y el depósito de los dogmas de Nuestra Santa religión”, de esta
manera, en forma prejuiciada se dispone a probar con los documentos que dispone
un suceso indio que analiza desde España.
Para su análisis el
Sr. Muñoz se apoya en la versión del Nican Mopohua.
“según se halla escrito por Don Mariano Fernández de Echeverría y
Veytia., esta relación de Veytia se conforma en lo sustancial con lo que a
mediados del siglo pasado publicó el Lic. Miguel Sánchez, primer historiador de
estas apariciones; con la que en 1666 escribió el Bachiller Luis Becerra Tanco,
maestro de lengua mexicana y catedrático de matemáticas, y los que siguiendo a
éstos, hicieron el célebre Don Carlos de Sigüenza y Góngora, su copiante
Gemelli Carreri, el Padre Francisco de Florencia, Don Cayetano Cabrera y
algunos otros” 26.
-------------
23. DE LA TORRE
VILLAR ERNESTO Y NAVARRO DE ANDA RAMIRO, Testimonios Históricos., op. Cit., p.
689.
24. Ibid, p.
691.
25. Ibid, p. 690.
26. Ibid., p.
692.
Por la cita textual se
presume que el Sr. Muñoz había leído las obras Guadalupanas esenciales del
siglo XVII, pero sólo con el análisis lógico a distancia y sin el entorno
contextual necesario para tener una visión más integral y más justa del tema de
su investigación.
Se debe al Sr. Muñoz
la duda por el silencio franciscano del Sr. Zumárraga, así afirma:
“Este silencio engendra gran sospecha en el ánimo de cualquiera. En el mío debe ser mayor, porque he visto
muchísimos papeles del Obispo de Zumárraga, de los religiosos y toda clase e
personas que vivían en México por aquel tiempo y en todo lo restante el siglo
XVI, sin haber hallado en alguno tan siquiera una letra, una alusión acerca del
caso. Siendo de notar que en varias
cartas y obras de eclesiástico, tanto del clero secular como del regular, se
refieren y aún ponderan los portentos que obró Dios a beneficio de la
conversión de los indios, y en crédito de la fe cristiana”.
El párrafo es
elocuente contextualizado a su época, no dijo nada el Sr. Zumárraga, porque no
halló papeles; no dijeron nada los españoles, porque no halló papeles, por ello
ya no fue necesario siquiera dudar del culto indígena, mestizo, etc., ni
profundizar en otro tipo de investigaciones objetivas, simplemente con los
recursos de su época y su talento negó doctoralmente.
El trabajo carece de
un análisis espacio-temporal, político y religioso de lo que aconteció en
México en la época de su prejuicio; tampoco aparece un análisis así sea
conjetural acerca de las personas que escriben sobre la tradición y el por qué
lo hacen.
Refiriéndose al Nican
Mpohua escribe:
“El papel más auténtico de los que habla claramente de las apariciones
se disputa, es una relación que Sigüenza creía copiada por Don Fernando de Alva
Ixtlilxóchitl. Esta, dice Veytia, es la
relación más antigua y digna de mayor aprecio: ésta debe ser la norma y como
piedra de toque, según la expresión de Cabrera. ¿Y qué firmeza tiene este, digámoslo
así, fundamente de todo el edificio?”27
Era imposible que
desde España el Sr. Muñoz hubiera podido encontrar la relación de parentesco,
interés religioso, condición humana que tuvieron el Siervo de Dios Juan
Diego con los antecesores de Don Fernando de Alva Ixtilxóchitl, éste con
Don Antonio Valeriano autor del relato; de Sigüenza y Góngora con la sucesión
de Don Fernando. Relaciones que se han
señalado y que expresan con claridad por qué ellos conservaron el valor de la
tradición.
----------
27. Ibid.
Refiriéndose a lo
publicado por Becerra Tanco, objeta:
“A todo lo demás que dijeren los naturales el día de hoy aunque sean
muy ancianos acerca de sus antigüedades, no debe darse crédito, por haber
faltado las personas de suposición que había entre ellos; y porque lo que hoy
afirman los indios de su antigüedad es con muchos errores confusos y sin
orden”.
El párrafo denota
prejuicio por lo indio y que no tenía el resto de los testimonios de las Informaciones
de 1666, sino únicamente la publicación de Becerra Tanto: origen milagroso
del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, en México en 1666 y reimpreso en
1675 en México, adicionado bajo el título de Felicidad de México 28. Es evidente que el
Sr. Muñoz no conoció el testimonio de los 20 testigos de las Informaciones
Guadalupanas de 1666. El haberse
encontrado con el testimonio del P. Miguel Sánchez, posiblemente lo hubiera
llevado a realizar otro tipo de planteamientos.
El Sr. Muñoz confiaba
más en su lógica y el valor del documento conocido como el Testimonio del
Virrey Martín Enríquez que encontró en el Archivo de Simancas, España. El documento se refiere a la fundación de la
ermita.
“Y el principio que tuvo la fundación de la iglesia que agora está
hecha lo que comúnmente se entiende es, que el año de 1555 o 1556 estaba allí
una ermitilla en la cual estaba la imagen que agora está en la iglesia, y que
un ganadero que por allí andaba, publicó haber cobrado salud yendo a aquella
ermita, y empezó a crecer la devoción de la gente”29
La carta está fechada
el 25 de septiembre de 1575, por ella el autor asienta:
“Por este documento parece que casi medio siglo después del tiempo en
que se ponen las apariciones en cuestión, no se tenía noticias en el lugar
mismo donde se suponen acontecidas”.
Frente a su
razonamiento cabe suponer otro, por qué el Rey preguntaba en 1575 acerca de la
fundación de la ermita. Es menester
señalar que el Sr. Muñoz no conoció nada acerca del interés de los Jerónimos
por administrar las rentas de la ermita, al grado que antes de la fecha, en
1562, un jerónimo con poderes falsos recogió dinero para la Casa de Nuestra
Señora de Guadalupe en España y que en
1574 otro jerónimo Diego de Santa María,
en su calidad de procurador de
-----------
28. Ibid., p.
309.
29. Ibid., p.
694.
la orden Jerónimo que entonces cuidaba el Santuario Guadalupano de
España, estuvo en México y desde este sitio escribió al Rey una carta fechada
el 12 de diciembre de 1574 30 en la que le da
cuentas de la devoción, las rentas, la ubicación, etc.
Escéptico por el
contenido de Nican Mopohua el Sr. Muñoz pregunta: “¿Y cuál pudo ser el origen y
motivo de haberse fabricado esta ermita en aquel sitio?” El autor de la
controversia contesta la pregunta insertando el testimonio de Sahagún referente
a los idolatrías que cita en su obra Histórica. El texto en cuestión 31 dice:
“De donde haya nacido esta fundación desta Tenantzin, no se sabe de cierto...”.
Felizmente ahora se sabe que Fray Bernardino conocía de la devoción Guadalupana
indígena, recuérdese el testamento de Quetzalmamalitzin ya referido, que lo
cita, conocía también a Don Antonio Valeriano, autor del Nican Mopohua, para
quien tiene las mejores referencias en su obra Histórica.
El único hecho no
conjeturable es que Sahagún se refiere a la devoción que los indios tenían
entonces por Nuestra Señora de Guadalupe por más que la califique de
sospechosa: “La cual devoción también es sospechosa, porque en todas parte hay
muchas iglesias de Nuestra Señora, y no van a ellas, y vienen de lejas tierras
a esta Tonantzin como antiguamente”.
El argumento aportado
no pone en evidencia los tiempos y sitios que refiere el Nican Mopohua.
Otro argumento del Sr.
Muñoz, textualmente dice:
“Yo sospecho que nació en la cabeza de los indios por los años de 1629
a 34. To ese tiempo con motivo de una
inundación terrible, estuvo la imagen de Guadalupe en la capital, obsequiada
con tan extraordinarias demostraciones, que según las frases de Cabrera, ‘soltó
México los diques de su devoción, soltó las velas y alas de su afecto:
desahogóse el fervor en danzas, bailes, prevenidos coloquios y cantares de
indios en que se mentaron las Apariciones (antes inauditas)’, los trasuntos de
la Imagen, antes rarísimos, se multiplicaron infinito, se variaron y vaciaron
increíblemente para engañar y disfrutar la devoción”.
----------
30. ROMERO
SALINAS JOEL, Precisiones., op. cit. p. 52.
31. DE LA TORRE
VILLAR ERNESTO Y NAVARRO DE ANDA RAMIRO, Testimonios Históricos., op. cit., p.
695.
32. Ibid., p.
698
El argumento es
deleznable. Es una pena que en su tiempo
el Sr. Muñoz no hubiera conocido el manuscrito original del Nican Mopohua que
descubrió el P. Ernest J. Burrus S.J. en la Colección Ramírez de la New York
Public Library33 del período
1552-1560 con el que coincide el historiador antiaparicionista más reciente,
Dr. Edmundo O’Gorman 34; tampoco tuvo
noticia del manuscrito Inin Huey Tlamahuizoltzin (1541-1545), que es una
Relación Primitiva de las Apariciones, manuscrito en lengua náhuatl
anterior al Nican Mopohua que conserva la Biblioteca Nacional de México 35. Por la estructura del
manuscrito los historiadores están de acuerdo que fue escrito por un español
contemporáneo el P. Juan González, más tarde canónigo de Catedral y Rector de
la Universidad de México.
Es lamentable que el
Sr. Muñoz no hubiera podido constatar que los milagros que menciona el P.
Miguel Sánchez en su obra, fueron los mismos que utilizó el grabador belga Samuel
Stradanus, cerca de 1620 en el período pastoral del Arzobispo Juan Pérez de la
Serna prelado que “bendijo la segunda capilla que se dedicó a la imagen
portentosa de Nuestra Señora de Guadalupe en el año de 1622, y la colocó
solemnemente en su tabernáculo de plata”36.
El grabado de la Virgen fue el que se utilizó como portada del libro
“Huey Tlamahuizoltica” que guarda por vez primera en letras de imprenta desde
1649 la tradición en náhuatl por disposición del Bachiller Luis Lasso de la
Vega como se refiere en el Nican Mopohua.
Don Juan Bautista Muñoz no pudo constatar qué imágenes trasuntas se
hicieron desde antes de 1548 y tampoco pudo comprobar que el año de 1606 el
pintor Baltasar de Echave Orio calzaba su firma en las imágenes que reproducía37.
Tal vez otra habría
sido la actitud del Sr. Muñoz si hubiera leído las Informaciones de 1666
y se hubiera enterado que fue testigo de ellos el Lic. Miguel Sánchez quien “In
verbo sacerdotis” juró que sabía de autos relativos a las Apariciones 38, dijo también que la causa porque se perdieron se las dijo el
“Lic. Bartolomé García presbytero, Vicario que fue de dicha ermita”
El Lic. García es un
personaje en la historia guadalupana, sucedió como Vicario de la ermita al Lic.
Juan Vázquez de Acuña, quien se afirma en el grabado de Stradanus (1620) y en
el libro del P. Miguel Sánchez (1648) que tuvo un favor milagroso; el Lic.
García fue Vicario del 1º. De julio de 1624 a 1647 39, esta responsabilidad
sacerdotal coincide con el período pontificio de S.S. Urbano
-------------
33. Cfr. Nota
17.
34. O’GORMAN
EDMUNDO, Destierro, op. cit., p. 168
35. DE LA TORRE
VILLAR ERNESTO Y NAVARRO DE ANDA RAMIRO, Testimonios Históricos.., op.
cit., p. 24
36. Memorias
de la Academia Mexicana de Historia, México 1948, t. VII, No. 3, p. 201
37. Imágenes
Guadalupanas Cuatro Siglos,a cargo del Centro Cultural Arte
Contemporáneo,México 1988p. 31
38. Informaciones
Guadalupanas 1666, a cargo de VERA FORTINO HIPÓLITO, Amecameca, México
1889, p. 69
39. Libros de Bautizos,
Parroquia de Guadalupe (Basílica de Guadalupe), México.
VIII a quien solicitó, y le fueron concedidas indulgencias para la
Cofradía de Ntra. Señora de Guadalupe, Extramuros de la Ciudad de México.
El sumario de
indulgencias fue publicado en México, en la imprenta de la viuda de Bernardo
Calderón, en la Calle de San Agustín, año de 1644 40. Una reproducción de 1919 permite saber que es
un folio de 44.5 cms. de largo por 31.5 cms. de alto, consta de 11 capítulos,
en el último se asienta que las referidas gracias están originalmente en poder
del presente Vicario, Bartolomé García a cuyo ruego y petición se han concedido41.
Recientemente el
investigador, Lic. Horacio Sentíes,
encontró en el Archivo General de la Nación, México, en matrimonios, segunda
serie, caja 168 dos “Breves Apostólicos del Papa Urbano VIII”, uno de ellos
fechado en Roma el primero de diciembre de 1636, mediante el cual se concede
indulgencia plenaria a la Cofradía de Indígenas de Santa María de Guadalupe: el
otro de la misma fecha y lugar donde se conceden indulgencias plenario y
parcial a los cofrades del Descendimiento del Cuerpo de Cristo, Cofradía
establecida en la Parroquia de Guadalupe de los suburbios de la capital
novohispana.
Las fechas de las
gracias corresponden al período del Vicario en la ermita del Lic. Bartolomé
García.
Los datos aportados
hacen suponer que el Lic. García era un conocedor de la tradición guadalupana,
por ello imploró gracias a S.S. Urbano VIII y las obtuvo, datos que permiten
refutar plenamente la aseveración, mal informada y sólo lógica del Sr. Juan
Bautista Muñoz, quien se habría sorprendido de saber que en su testamente el P.
Miguel Sánchez pidió ser enterrado en el santuario de Guadalupe, lo que
efectivamente aconteció. El testamento
de referencia se hizo un día antes de su muerte ante el escribano real Bernabé
Sarmiento de Vera, el 21 de marzo de 1674 42.
Finalmente debe
señalarse que el Sr. Muñoz fue incongruente en sus aseveraciones, textualmente
asienta:
“el segundo Arzobispo de México, Don Fray Alonso de Montúfar, que llegó
a su diócesis por junio de 1554, ya encontró muy difundida la devoción a la
Virgen de Guadalupe, venerada en una ermitilla a donde acudió la piedad de los
files con tales limosnas que le sufragaron para costear una decente iglesia y
consignar anualmente seis dotes de a trescientos pesos par casar
huérfanas. Dícelo su sucesor Don Pedro
Moya de Contreras, en papel que se conserva original entre los de aquel
santuario”.
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40. VELÁSQUEZ
PRIMO FELICIANO, La Aparición de Santa María de Guadalupe, México 1981,
p. 258.
41. La Rosa
del Tepeyac, México 1919, no. 7, p. 79
42. Archivo de
Notaría de la Ciudad de México, Notaría 632, protocolos 1674, fojas 78.
Sólo este dato bien
analizado le habría ahorrado al Sr. Muñoz mucho trabajo, ya que revela cómo
afirma la tradición constante que el suceso guadalupano fue en el período
pastoral del Sr. Zumárraga y como se afirma por el propio Sr. Muñoz desde entonces
estaba viva y sólida la devoción.
La cronología
elaborada para aclarar la controversia de Don Juan Bautista Muñoz permite
suponer que su Santidad Urbano VIII, conocía la tradición guadalupana y
concedió sus indulgencias después de emitir su decreto de canonización en 1634.
A este respecto debe
agregarse que antes del decreto urbaniano el S. D. Juan Diego era representado
con aureola teniendo así, desde antes fama de santidad 43 y por
ello se le rendía culto según lo manifestaron los informantes indígenas de
1666.
Andrés Juan, indio,
dijo en respuesta a la quinta pregunta:
“que ha cerca de cien años lo oió decir por público y notorio, en este
dicho pueblo, que el dicho Juan Diego era un hombre, que siempre andaba sólo
sin meterse con nadie yendo a su Doctrina, que parecía peregrino por lo poco
que trataba y conversaba con los demás; después de la dicha aparición lo tenía
por Varón Santo, y como a tal lo respetaban, y lo iban a ver a la dicha
hermita, donde tenía una casita pegada a ella, para que intercediese con la
Virgen Santísima les diese buenos temporales, y este testigo conoció en pie la
dicha casita” 44.
El análisis de fechas
hace suponer que esta forma era desde los inicios de la segunda mitad del siglo
XVI, lo que corrobora el hallazgo arqueológico del templo junto a las ruinas de
la casa del Siervo de Dios que corresponde según dictamen a la primera mitad
del siglo XVI, en el que los coterráneos del Siervo de Dios Juan Diego,
siguiendo su ejemplo, querían venerar la imagen que sentían de su propiedad.
Sermón Guadalupano (1794),
Fray Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra
El autor del sermón
fue un célebre predicador, por ello tuvo la encomienda de pronunciarlo el 12 de
diciembre de 1794 ante el Virrey, la Real Audiencia, los demás Tribunales y por
supuesto ante el Arzobispo de México Dr. D. Alonso Núñez de Haro y Peralta 45, quien consideró que en el sermón se oponía
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43. Imágenes
Guadalupanas..., op. cit., p. 79
44. Informaciones
Guadalupanas..., op. cit., p. 33
45. DE LA TORRE
VILLAR ERNESTO Y NAVARRO DE ANDA RAMIRO, Testimonios Históricos..., op.
cit. p. 752.
“a la recibida y autorizada tradición de dicha Santa Imagen, publicó
una nueva y fingida historia en que asentó haberse estampado en la capa de
Santo Tomás Apóstol, viviendo aun en carne mortal la Santísima Virgen”46.
Así el sermón fue
considerado como heterodoxo y el predicador Fray Servando Teresa de Mier
perseguido, enjuiciado y desterrado de México.
El sermón,
reconstruido de apuntes por su autor en razón del proceso a que fue sometido,
en escencia no niega la tradición de manera total según su autor en una primera
carta a Don Juan Bautista Muñoz afirma:
“mi sermón se reduce a decir que la Imagen de Guadalupe había tenido
culto en el cerrillo de Tepeyacac, llamado por eso Tonantzin, o de nuestra
madre y Señora, desde que Quetzalcohuatl (que quiere decir Santo Tomás, y los
indios le llaman también Santo Tomé, como los de oriente), le había anunciado
el evangelio. Quiza los cristianos la escondieron del furor de los apóstatas,
cuando la persiguió cruelmente Huémac rey de Tula, y la Virgen apareciendo a
Juan Diego en 1531, envió su antigua imagen al Obispo mandando reedificarle su
templo, etc., conforme a la tradición”47.
Un párrafo más
adelante agrega
“es verdad que retrasando la época de la pintura hasta los tiempos del
célebre Quetzalcohuatl, no puede estar pintada en la capa o tilmatli de Juan
Diego; pero sin negar que la llevó al Obispo colgada al cuello, como los indios
acostumbran llevar su capa...”.
En síntesis, y de la
misma pluma del autor del sermón, se conoce la esencia de una pieza de oratoria
sagrada que fue considerada heterodoxa y su autor merecedor de ser suspendido
como predicador.
Con la perspectiva
actual, el sermón hubiera sido considerado como una aproximación histórica,
toda vez que Santo Tomé fue citado por los historiadores franciscanos en
repetidas ocasiones y no se negaba la tradición, sino que se pretendía dejarla
nítida con el apoyo de la historia antigua.
El Arzobispo D. Alonso
Núñez de Haro y Peralta proveyó auto el 21 de marzo de 1795 en que declaró por
-------
46. Ibid.
47. Ibid., p.
758.
“falsa, apócrifa, impía e improbable la historia de la Imagen de
Nuestra Señora de Guadalupe que predicó el citado P. Mier, y que por tanto
contiene su sermón una doctrina escandalosa, ajena del lugar Sacrado en que se
publicó, injuriosa a gravísimos autores españoles y extranjeros, fomenta la
inflación y arrogancia del propio juicio contra los preceptos apostólicos,
perturba la devoción, religión y piedad, combatiendo una tradición constante,
uniforme y universal, por lo menos en esta América y calificada como piadosa
por la Silla Apostólica”48.
La decisión del
Arzobispo originó el destierro del P. Mier, quien inconforme con la sentencia
buscó siempre ser reivindicado y que le fueran devueltas sus licencias de
predicador. En este propósito escribió
unas cartas, seis para ser precisos, a Don Juan Bautista Muñoz, escritas desde
Burgos (España) año de 1797 49.
El contenido de las
epístolas le ha hecho suponer al historiador Edmundo O’Gorman que Fray Servando
jamás escribió a Don Juan Bautista Muñoz y que inclusive la obra de este autor
la conoce con precisión, después de que ha iniciado la redacción de las cartas
como un proceso de defensa 50, basado en la
simulación epistolar. La certeza es que
las “cartas” contienen controversias respecto del Nican Mopohua no frente a la
esencia de la “Aparición”, sino, únicamente en relación con aspectos de la
interpretación de la historia y tradición guadalupana.
Primera carta:
En ella el autor afirma:
“Mi sermón se reduce a decir que la Imagen de Guadalupe había tenido
culto en el cerrillo de Tepeyacac, llamado por eso Tonatzin, o de nuestra Madre
y Señora, desde que Quetzalcohuatl (que quiere decir Santo Tomás y los indios
le llaman también Santo Tomé como los de oriente), le había anunciado el
Evangelio. Quizá los cristianos la
escondieron del furor de los apóstatas cuando la persiguió cruelmente Huémac
rey de Tula y la Virgen apareciendo a Juan Diego en 1531, envió su antigua
Imagen al Obispo mandando reedificarle su templo, etc., conforme a la
tradición”51.
En párrafos adelante añade: “No piense V.S. que esto lo anuncié como
cierto. A más de advertir que no negaba las Apariciones de la Virgen, ni me
oponía a la tradición primitiva y genuina...”.
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48. Ibid.,
p. 756.
49. Ibid,
p. 757.
50. TERESA DE MIER SERVANDO, Obras completas, a cargo de
Universidad Nacional Autónoma de México, México 1981, t. III, p. 84.
51. DE LA TORRE VILLAR ERNESTO Y NAVARRO DE ANDA RAMIRO, Testimonios
Históricos..., op. cit., p. 758.
Esta carta fechada en
junio de 1797 revela que en esta época no se conocía nada acerca del conflicto
Montúfar-Bustamante y tampoco se afirmaba que la Imagen fuese de factura
indígena.
Segunda Carta:
En esta epístola el autor afirma:
“Todo lo que he dicho concurre contra la tradición de Guadalupe, y yo
haré ver que efectivamente no existió en 117 años, hasta que en 1648 comenzó a
nacer de los autos impresos: que estos no tuvieron otro fundamento que un
manuscrito mexicano del indio D. Antonio Valeriano, natural de Azcapotzalco,
escrito unos 80 años después de la época asignada a la Aparición, y lleno de
anacronismos, falsedades, contradicciones, errores mitológicos e
idolátricos. En una palabra, que es una
comedia, novela o auto sacramental, a estilo de aquel tiempo cuyo objeto fue
persuadir lo mismo que yo he predicado y en la cual comedia es fácil señalar de
donde fue tomando el indio los argumentos para cada parte del drama, que ha
venido a parar en un oficio de la Iglesia, y causando la ruina de un hombre de
bien”52.
Más adelante en el
cuerpo de esta segunda carta asienta:
“Por tanto, de la Aparición hecha a Juan Diego como de tantos otros no
hicieron caso los misioneros, ni tampoco los indios sabios o juiciosos que
escribieron en aquel tiempo, pero correría entre el vulgo credulísimo de los
indios y de ahí provinieron esos apuntitos y otras menciones semejantes” 53.
Refiriéndose a la
inundación que sufrió la Ciudad de México en 1629, el P. Mier expresa:
“Yo pienso, sin embargo, que por ese tiempo fue cuando el indio Don
Fernando de Alva Ixtilxóchitl, notario que era en México del Juzgado
Eclesiástico de los indios, tradujo al castellano parafrásicamente la relación
o comedia mexicana del indio Don Antonio Valeriano fuente de la tradición
guadalupana. Esta traducción cayó en
manos del clérigo Sánchez y la dio en folio el año 1648, interrumpiéndola con
una multitud de discursos gerundialmente predicable, para aplicar a la imagen
del capítulo 12 del Apocalipsis... ya tenemos de molde la historia guadalupana
y de aquí nació la tradición como lo demuestra el silencio universal
anterior...”54.
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52. Ibid., p. 768.
53. Ibid., p. 777.
54. Ibid., p. 781.
Si Fray Servando hubiese
estudiado sin pasión la Monarquía Indiana de Fray Juan de Torquemada55, habría notado que don Antonio Valeriano murió en 1605 por lo
mismo era imposible que muerto hubiera escrito el Nican Mopohua: “80 años
después de la época asignada a la Aparición”.
Esta fue en 1531 más 80 años que afirma Fray Servando sería en 1611,
seis años después de Muerto D. Antonio Valeriano.
Es un prejuicio de
Fray Servando considerar que una comedia no puede ser histórica y viceversa,
que un hecho histórico no puede expresarse en forma de comedia.
Hay una incongruencia
no resuelta en el ánimo del autor, afirma que a la Aparición, no le hicieron
caso, pero correría en el vulgo credulísimo de los indios, luego Valeriano no
sería un “inventor” de la tradición.
Si el P. Mier, hubiere
estudiado a los personajes que el “clérigo Sánchez” coloca históricamente como
favorecidos por un milagro, se habría dado cuenta que en esencia eran los
mismos que en 1620 aproximadamente, recogía en su grabado el belga Samuel
Stradanus 56, luego entonces probadamente parte
de la tradición es anterior a la obra del “clérigo Sánchez” en 1648.
Es evidente también
que Fray Servando no profundizó en las relaciones de etnia, familiares y
culturales que tenían entre sí Don Antonio Valeriano y Don Fernando de Alva
Ixtlilxóchitl señalados anteriormente.
Tercera Carta:
Por el contenido de la misma 57 se infiere que
hasta entonces, Fray Servando conoce la obra de Don Juan Bautista Muñoz. Refiriéndose a ella, Fray Servando se postula
por el argumento más decisivo y considera que es “el informe del virrey D.
Martín Enríquez”58.
En su afán probatorio
piensa que el pastorcillo del informe: “era el Juan Diego de la historia de
Guadalupe, pues en 1531 no había indio con dos nombres”.
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55. Crf.
Nota 21.
56. Cfr.
Nota 36.
57. DE LA TORRE
VILLAR ERNESTO Y NAVARRO DE ANDA RAMIRO, Testimonios Históricos..., op.
cit., p. 787.
58. Ibid.
En ambos supuestos no
hay acierto, el personaje a que se refiere el informe del Virrey es el mismo al
que se refiere el Padre Miguel Sánchez en sus milagros59, este
caballero Don Antonio de Carvajal, es el personaje que coincide por
descripción, fecha y circunstancia social60 con
la descripción de referencia. Un indio
no hubiera sido utilizado entonces como testimonio.
Por otro lado en esa
época “acostumbraban los ministros del bautismo, poner a los indios dos nombres
de santos, sirviendo el segundo de apellido, que no se transmitía a la
familia”, tal es lo que asevera el Dr. Joaquín Antonio Peñalosa en su obra La
Práctica Religiosa en México, Siglo XVI 61.
Párrafos más adelante
asienta Fray Servando:
“¿Y no había tradición guadalupana antes de la obra de Sánchez en 1648
y nada se sabía en el santuario mismo, donde siempre por interés temporal
espiritual se conservan aún las especies más remotas de los milagros que les
conciernen? No había según eso ninguna fiesta con necesaria relación, papel
inscripción memoria. Nada sabía Lasso,
ni todos sus antecesores los capellanes de la Ermita, que comenzaron desde el
sucesor de Zumárraga...”62.
Si Fray Servando más
que hacerse las preguntas las hubiera investigado no habría escrito sobre la
falsedad de la fuente tradicional.
En 1570 un capellán de
la Ermita, el P. Antonio Freire da información acerca de sus orígenes 63. Este mismo clérigo,
dejó testamento con fecha 2 de enero de 1586, ante el escribano público
Bartolomé de Rivera, disponiendo que dos mil pesos de oro común se destinan al
embellecimiento del templo, para que se haga una obra material “con más
suntuosidad que al presente está” El
testamento fue encontrado por el historiador Lic. Horacio Sentíes en el Archivo
General de la Nación en México 64.
De haber revisado Fray
Servando los libros de la Ermita se hubiera encontrado con la firma del Lic.
Juan Vázquez de Acuña, señalando en el libro del P. Miguel Sánchez 65 como el privilegiado con un favor de N. Sra. De Guadalupe; el
mismo favor lo cita en su grabado el belga Stradanus 26 años antes 66 cuando se construía un nuevo templo. Cabe mencionar que en dicho grabado sólo se
ocupa de “milagros” a españoles.
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59. Ibid.,
p. 248
60. ROMERO
SALINAS JOEL, Precisiones..., op., cit., p. 106
61. PEÑALOSA
JOAQUIN ANTONIO, La Práctica Religiosa en México, Siglo XVI, México
1969, p. 98.
62. DE LA TORRE
VILLAR ERNESTO Y NAVARRO DE ANDA RAMIRO, Testimonios Históricos., op.
cit., p. 792
63. ROMERO
SALINAS JOEL, Precisiones..., op. cit. p. 70.
64. Archivo
General de la Nación, México, Ramo Bienes Nacionales, Leg. 391, exp. 15, foja
8.
65. DE LA TORRE
VILLAR ERNESTO Y NAVARRO DE ANDA RAMIRO, Testimonios..., op. cit., p.
278.
66. Cfr. Nota
36.
Sucedió como vicario
de la Ermita al Lic. Juan Vázquez de Acuña, el Lic. Bartolomé García, quien,
como se mencionó anteriormente, fue el informante del P. Miguel Sánchez
respecto del destino de los “Autos de la Aparición”, y fue quien también
consiguió diferentes indulgencias para el santuario, de Su Santidad Urbano
VIII.
En los libros de
bautizos de la Ermita del año de 1624, foja 55rv, 67 se
asienta que:
“Don Jacinto de la Serna, hizo parecer ante sí a Juan Diego... y otros
indios principales de dicho partido y estando juntos y congregados se les
preguntó digan su parecer, si tienen alguna cosa que pedir, o demandar contra el
Licenciado Luis Lazo de la Vega su cura vicario”.
La nota muestra que el
Lic. Lasso de la Vega fue vicario de la Ermita, que trató con Juan Diego el
descendiente que poseyó la “Imagen Trasunta” del Siervo de Dios y que en punto
de agonía la regala al P. Juan de Monroy S.J. 68,
según lo afirmó el P. Francisco de Florencia en su libro Estrella del Norte
69, El P. Juan de Monroy en 1663, “firmó
juntamente con veinte jesuitas más, las instancias hechas al Sr. Alejandro VII,
para que aprobase la fiesta de María Santísima de Guadalupe”70.
Seguramente que Fray
Servando, más suponía que investigaba, de ahí que no se pudo enterar de un
censo de 100 pesos del oro que corre, que dejó Martín de Aranguren71, mayordomo y familiar que fue de Don fray Juan de Zumárrga,
el primero de julio de 1652 a favor de la casa de Nuestra Señora de
Guadalupe. Quizá este solo dato le
habría bastado cuando menos para suponer la existencia de una antigua
tradición.
Carta Cuarta: En su
inicio Fray Servando textualmente asienta:
“en ésta debo probar que el manuscrito mexicano, fuente de la tradición
guadalupana, no sólo es indigno de la fe por ser posterior 80 a 82 años al
suceso, como dejo demostrado en mi anterior sino también por estar lleno de
anacronismos, falsedades, contradicciones, y errores mitológicos e
idiolátricos”72.
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67. Cfr. Nota
39, año 1624, foja 55 “y”
68. ZAMBRANO
FRANCISCO S.J. Diccionario Bibliográfico de la Compañía de Jesús, México
1970, t. X, p. 185.
69. Cfr.
Nota 22
70. ZAMBRANO
FRANCISCO S.J. Diccionario..., op. cit. p. 177.
71. VELÁSQUEZ
PRIMO FELICIANO, La Aparición..., op. cit., p. 8.
72. DE LA TORRE
VILLAR ERNESTO Y NAVARRO DE ANDA RAMIRO, Testimonios Históricos..., op.
cit., p. 806
Ya se ha demostrado
con fechas que el manuscrito es muy anterior, ya que 80 a 82 años después del
“suceso” en 1531, había ocurrido la muerte de Antonio Valeriano.
Tratando de probar
errores asienta:
“Comienza la historia por el viaje que hacía Juan Diego, llamado en su
gentilidad Quautlatoatzin, desde Cuauhtitlán al convento de Santiago
Tlatelolco, barrio de México, a oír misa de Nuestra Señora en un sábado 12 de
diciembre de 1531”73.
Es innegable que Fr.
Servando hablaba de memoria pues en ninguna versión del Nican Mopohua 74 se dice el nombre del Siervo de Dios Juan Diego en su
gentilidad, tampoco se menciona convento, y no se menciona la fecha.
En el párrafo
inmediato precisa:
“Supongamos que aunque entonces fuesen muy raros los indios bautizados,
lo estuviese éste: no podía tener dos nombres porque, como ya dije con
Torquemeda, esa costumbre se introdujo años después. Tampoco existía convento de franciscanos en
Santiago, porque consta de Torquemada que lo fundó Zumárraga el año de 1534
para que los religiosos de su orden enseñasen a los niños indios”75.
Toda vez que este
argumento es del interés permanente de quienes niegan la tradición, vale
señalar que Motolinia, en su obra histórica76
afirma:
“En el primer año que a esta tierra allegaron los frailes, los indios
de México y Tlatelolco se comenzaron de ayuntar, los de un barrio y feligresía
un día, y los de otro barrio otro día, y allí los iban los frailes a enseñar y
bautizar los niños: y dende a poco tiempo los domingos y fiestas se ayuntaban
todos, cada barrio en su cabecera, a donde tenía sus salas antiguas, porque la
iglesia aún no había, y los españoles tuvieron también, obra de tres años sus
misas y sermones en una sala de éstas que servían por iglesia”
-------------
73. Ibid,
p. 809.
74. Libro
Anual 1981-1982, a cargo del Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos,
pp. 21, 55, 89, 99, 109, 121, 129.
75. Cfr. Nota
73.
76. MOTOLINIA
FRAY TORIBIO, Historia de los Indios de la Nueva España, México 1984, p.
78.