Agradecemos al P. Xavier Escalada, S. J.  la autorización para utilizar estos textos de su Apéndice de la Enciclopedia Guadalupana.

 

Códice 1548

Por P. Xavier Escalada, S.J.

 

 

Origen

 

Toda la duda comenzó con la:

Memoria sobre las Apariciones y el culto de Nuestra Señora de Guadalupe de México 1, monografía del 18 de abril de 1794, escrita por Juan Bautista Muñoz, un valenciano favorecido por Carlos III y Aranda, con los cargos de Cosmógrafo Oficial.  Redactor de la Historia del Nuevo Mundo y Cronista Mayor de las Indias, contra la opinión de la Real Academia de la Historia, que lo rechazaba, por su medianía como escritor.

En su ponderada “Memoria”, reseña Muñoz sobre Guadalupe (11), 2 “Insinué que hasta mediados del siglo pasado no se publicó relación alguna de tan extraordinario suceso.  Debo añadir que ni una ligera noticia de él se halla en tantos autores como han escrito de cosas de Nueva España, antes de la expresada época.

 

Este silencio engendra gran sospecha en el ánimo de cualquiera.  En el mío debe ser mayor, porque he visto muchísimos papeles del obispo Zumárraga, de los religiosos y toda clase de personas que vivían en México por aquel tiempo, y en todo lo restante del siglo XVI, sin haber hallado en alguno tan siquiera una letra, una alusión acerca del caso.

 

Lo mismo se convence del silencio del P. Luis de Cisneros, religioso en quien concurren gran parte de las circunstancias de Torquemada, su contemporáneo. Publicó Cisneros en 1621 su Historia de la imagen de nuestra Señora de los Remedios 3, donde realza la de Guadalupe, llamándola de gran devoción que ha hecho y hace grandes milagros.  ¿Por qué viniéndole tan a propósito no la llamó “aparecida”, ni puso palabra alusiva a las apariciones?

 

Tales son los modos con que nacen las fábulas y con otros semejantes se les va dando cuerpo... (atención a estas palabras de Muñoz que copiamos a continuación): “Entre los que se llaman monumentos antiguos en prueba de las apariciones, se cuenta la pintura de un indio puesto de rodillas y mirando al cerrito de Tepeyácac”. (¿Alude Muñoz al Códice 1548? Es algo muy posible, porque era hábil para localizar documentos recónditos).

 

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1.     En testimonio Histórico... Pág. 691.

2.     Ibidem. Pág. 692.

3.     Historia del Principio, origen, progresos, venidas a México y Milagros de la Santa Imagen de Nuestra Señora de los Remedios, México 1621.  “... que es una imagen de gran devoción y concurso, casi desde que se ganó la tierra, que ha hecho y hace muchos milagros”.  Libro 1º. Cap. 5º.

 

Acerca del tiempo y ocasión en que tuvo principio el cuento, ya insinué mi sentir,...Yo sospecho que nació de la cabeza de los indios, por los años de 1629 a 34... ¿Qué no es capaz de producir la fantasía de los indios acalorada y fecundada de aquel entusiasmo? ¿Qué monstruos podrán compararse a sus composiciones poéticas y pintorescas? Sabido es que los indios eran inclinados a visiones imaginarias, y que por tenerlas procuraban embriagarse”.

 

García Icazbalceta

 

Poco habría trascendido de estas insinuantes dudas si no hubiera caído la Memora en manos del gran historiador Joaquín García Icazbalceta, a quien Don Marcelino Menéndez Pelayo llama “Maestro de todo saber”.  Entre los llamados antiaparicionistas”, el más piadoso, el más sensato es sin duda Icazbalceta, escritor e investigador de recto criterio fiel católico y honorable por su virtud nada común.

 

Todo lo cual hace más incisivo su antiaparicionismo, pues a él más que a nadie copian y citan cuantos tratan de quitar fuerza y mérito a esta preciosa advocación.  Por ello es útil estudiar su caso y explicar la extraña evolución psicológica que lo convirtió, contra su propio gusto y programa, en el más peligroso antiaparicionista, porque era a la vez un severo investigador y un buen católico.

 

Muy niño fue expulsado a España, por un desafortunado Decreto de 1829, que desterraba a las familias españolas; mucho se amargó con ello su adolescencia y en lo íntimo de su conciencia llegó a identificar a la Guadalupana como un “símbolo de aquellos que lo desterraron”.  Su carácter se tornó iracundo, independiente, con ciertas dosis de rencor no superado, que lo hacían demasiado seguro de su parecer.

 

Escribe de sí mismo: 4.

“Católico soy, aunque no bueno, y devoto en cuanto puedo, de la Santísima Virgen; a nadie querría quitar esta devoción, la imagen de Guadalupe será siempre la más antigua, devota y respetada de México.  De todo corazón quisiera yo que un milagro tan honorífico para nuestra patria fuera cierto, pero no lo encuentro así.  En mi juventud creí, como todos los mexicanos en la verdad del milagro.  No recuerdo de donde me vinieron las dudas”(70).

 

Sus dudas nacieron en la lectura de la Memoria de Bautista Muñoz. Icazbalceta, como la mayor parte de los “intelectuales” del siglo XIX, se apoya en la Memoria para redactar su funesta Carta antiaparicionista; tal cosa es fácilmente comprobable, pues sigue de cerca de Muñoz en los 70 puntos en que divide su Carta.

 

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4. J.G.I. Carta # 70.

 

 

Curiosamente la ocasión de escribirla se generó desde el lado guadalupano.  El Sr. Arzobispo Labastida  y Dávalos buscaba un juicio sobre un libro del Lic. José Antonio González, Santa María de Guadalupe, patrona de los mexicanos.  La Verdad sobre la Aparición de la Virgen del Tepeyac 5, y se lo encargó al honorable y seguro historiador Don Joaquín García Icazbalceta, pero fue en el momento más inoportuno, cuando hacían crisis en él su desazón por el destierro y malas razones de la Memoria de Juan Bautista Muñoz.

 

Se excusó ante el Arzobispo, insistió éste y por fin escribió su estudio, en forma de Carta, que el mismo Icazbalceta pidió que “debía ser confidencial”.  No lo fue; subrepticiamente comenzó a entrar en los círculos jacobinos (muy activos entonces) que le dieron gran importancia y difusión.

 

A partir de esta Carta, todos los opositores a las Apariciones de la Virgen toman sus razones de Icazbalceta y le siguen con fruición y seguridad desorbitadas.

 

Creemos que este Códice 1548, recientemente descubierto, aporta datos nuevos y científicos, que vienen a refutar el único argumento del anti-aparicionismo, el “silencio” del primer siglo, pues este valioso documento es de ese primer siglo, del año 1548.  Si logramos certificar su antigüedad y autenticidad, habremos dado un paso firme para comprobar la verdad de las Apariciones y la existencia histórica de Juan Diego.

 

Descripción del Códice 1548

 

Se trata de un documento rectangular (20 x 13.3 cm.) Su color es el natural para una piel sin pelo, recubierto con una pátina amarillenta, con arrugas propias de su larga existencia, 449 años.

 

Los trazos son de un color entre sepia y negro, que ha degenerado en tintes rojizos en algunos lugares, por efecto de las sustancias empleadas en su curtido.

 

Presenta una suma de datos importantes, como la fecha, (parte media-superior: 1548); presenta dos apariciones de la Virgen (la cuarta, al pie del Cerro, en tamaño grande y la primera, en la cumbre, de tamaño pequeño), en la que se aprecia bien la figura de Juan Diego y bastante borrada la de la Virgen, que pronto fue reproducida por Antonio de Castro, en un grado inspirado en este Códice 1548, como veremos más adelante.  Ofrece el glifo del Juez Antonio Valeriano y una firma muy clara, de fray Bernardino de Sahagún.  Ofrece además varias inscripciones en idioma náhuatl, con letras latinas, según el estilo de los nahuatlatos del Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, formados por Sahagún.

 

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5. Publicado bajo el seudónimo de “X”, en Guadalajara 1884, tipográfica Ancira y Hno. 381 Págs. Trata por primera vez en forma extensa sobre las informaciones de 1666.

Investigación

 

En mayo de 1995 se conjuntó un grupo especializado:

El nahuatlato Mario Rojas Sánchez,

El Profesor en Historia D. Salvador Sotomayor,

La Maestra Ana Rita Valero de García Lascuráin,

El Ing. Quím, Manuel Betancurt

Y el P. Xavier Escalada S.J.,

Para integrar el equipo base y coordinar los estudios encaminados a probar científicamente la autenticidad del “Códice 1548”.

Desde el primer momento se decidió estudiar el Códice con todo el rigor de la ciencia, acudiendo a los centros y personas más especializados en cada materia o sector del documento.  El orden de las consultas fue:

 

1.- Centro de Restauración de obras antiguas “El Taller”

2.- Centro de Estudios Guadalupanos

3.- Especialistas en Codicología:

         Dr. Víctor M. Castillo

         Dr. Miguel León Portilla

         Dra. Josefina Muriel

         Dr. Guy Stresser Peán

         Mtro. Nahuatlato Rafael Tena

         Dr. Marc Thouveot

 

Todos, con excepción del Dr. Castillo, vieron el Códice original y aconsejaron unánimemente que se avanzase a estudios técnicos y científicos de mayor especialización, para datar el documento y probar su autenticidad.  Opinaron que las líneas principales del estudio habrían de ser la firma de fray Bernardino y la materia, las tintas y el contenido del manuscrito.

 

Investigación de la firma

 

Se escogió al más destacado estudioso de Fray Bernardino, el Dr. Charles E. Dibble 6, catedrático de la Universidad de UTA, SALT Lake City, USA, quien ha dedicado gran parte de su vida al estudio de la obra de Sahagún y que cuenta, dentro de su amplia bibliografía, con un interesante estudio, precisamente sobre la Olografía de Fray Bernardino, poseyendo una de las colecciones más completas de sus firmas en diferentes fechas.

 

El Dr. Charles E. Dibble en carta del 12 de junio de 1996 concluyó, categóricamente, que la firma que aparece en el códice 1548 es la de Fray Bernardino de Sahagún por diferentes rasgos que enumera: las tres cruces, la forma de escribir “fray” y las letras “d” y “b”.

                                                                                            

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6. En 1959, con el Dr. Arthur Anderson y la asistencia de Byron.  MacAffee, tradujeron el Códice Florentino.

 

 

 

Investigación de Grafología

 

Para elegir a peritos en grafoscopía, se pensó en los técnicos de las Procuradurías de Justicia, tanto de la República, como del Distrito Federal; pero se nos informó que ambas instituciones suelen recurrir a la Gerencia de Seguridad e Investigación, Oficina de Documentoscopia y Fotografía del Banco de México, por lo que se decidió recurrir a esta última Institución, que ha ganado una sólida fama por su seriedad y por la capacidad profesional de sus técnicos.  El resultado fue positivo y coincidente con el Dr. Dibble, según se puede comprobar en los apéndices finales de este trabajo.

 

Don Alfonso M. Santillana Rentería, jefe de esta Oficina de Documentoscopia y Fotografía del Banco de México concluyó en su informe del 18 de septiembre de 1996:

 

“...la firma cuestionada, atribuida a Fray Bernardino de Sahagún, que aparece en el “Códice 1548”, fue hecha por su puño y letra; por lo tanto, es auténtica”.

 

Ante tales resultados coincidentes, se dio por concluida la investigación sobre la firma.  Es interesante mencionar que el Instituto de Física de la Universidad Nacional Autónoma de México había indicado, en la propuesta de que se tratará adelante, que éste era el camino más lógico y fehaciente para datar con mayor seguridad la edad del documento.

 

Investigación Física, Química y Fotográfica

 

INSTITUTO DE FÍSICA DE LA UNAM

 

Después de una amplia consulta de expertos, se determinó que la Institución nacional más calificada para llevar a cabo dicha investigación, debido no sólo a la calidad de sus investigadores, sino por la infraestructura que los respalda, era el Instituto de Física de la UNAM, quién se auxiliaría con expertos ligados al Taller de Restauración del Museo de Churubusco. Institución que también nos había sido recomendada.

 

Este recurso a los peritos de la Universidad Nacional no es nuevo ni desusado.  Hubo un tiempo en que se pensaba del Ayate Guadalupano que no era de maguey  sino  de   ICZOT 7,  o   fibra  de   palma   salvaje.    El   engaño  provino   de  que

 

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7. Entre otros lo sostenía José Ignacio Bartolache, quien publicó un grabado de dicha palma en su Manifiesto Satisfactorio..., (1790) Foja 106.

 

 

 

 

encontraban el lienzo “áspero y duro” por la parte posterior y en cambio por delante “suave, mite, liso, muelle, aterciopelado y blando como seda, que parece cosa de milagro”, según declararon, después de un examen minucioso y prolijo, los siete pintores (Salguero, Conrado, López de Avalos, Fuenlabrada, Angulo, Sánchez y Zárate) que rindieron informe en el Proceso de 1666.  Esta notable diferencia al tacto, certificada también por Cabrera y los seis pintores que la examinaron (1751) (Ibarra, Osorio, Morlete Ruíz,  Vallejo, Alcívar y Arañes), los llevó a creer que fuera de palma, cosa hoy claramente rechazada, como resultado del análisis técnico realizado en el Instituto Biológico de la UN de M, por su director fundador Dr. Isaac Ochoterena, quien aseguró indudablemente ser de ixtle o fibra de maguey (agave)8.

 

El Instituto de Física nos presentó su propuesta para el estudio del Códice el día 30 de enero de 1996; fue aceptada, estableciéndose como condición indispensable que las pruebas a las que se sometería el Códice serían de índole no destructiva.

 

Pasos de la Investigación

 

La cara escogida por los tlacuilos, autores del documento, para dibujar y escribir sobre la piel fue la correspondiente a donde una vez hubo carne.

 

Se revisaron ambas caras fotografiándolas directamente, con fuelle para acercamientos y bajo el microscopio óptico con diferentes aumentos, utilizando luz artificial reflejada; se observó que los trazos se encuentran absorbidos por la piel, salvo en los lugares en donde son demasiado gruesos, ahí se formaron conglomerados de tinta.  En las líneas débiles, las partículas coloreadas se pueden ver sólo en los poros y huecos de la piel.

 

En cuanto a la coloración, se observó que los diversos elementos tienen diferente concentración de tintas, dando por resultado que los tonos en donde existe gran concentración se vean negros con puntos azul obscuro; a menor concentración parecen ser de un color sepia con tonalidades rojizas en unas zonas, mientras que en otras se localizaron puntos de un rojo intenso con tonos ocre rojizos.

 

Las zonas de color sepia toman coloraciones azules y rojizas; la fecha, (1548) se distingue por su finura, teniendo un color rojizo.

 

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8. Instituto de Biología, Universidad Nacional de México, 7 de junio de 1946.  “... Se puede afirmar que las fibras de que se trata son de un Agave cuya especia no es dable determinar”. Dr. I. Ochoterena.

 

 

 

 

 

 

Toda el área se ve cubierta por una patina amarillenta, en tal forma que sería imposible modificar los dibujos, letras y números sin dejar una huella visible al microscopio, por lo que se puede asegurar que ninguna parte del documento ha sido nunca alterada. 

 

Bajo luz negra (ultravioleta) se apreció que la coloración de los trazos cambia en forma uniforme a un color rojizo que es más notable en la fecha (1548), sin ninguna otra variación, lo que corrobora la ausencia de modificaciones o correcciones que usualmente se detectan mediante dicho método.

 

Fotografía

 

El documento fue fotografiado en el Instituto de Física por el Mtro. Alfredo Sánchez, quién ha trabajado en esa Institución por varios años.  Se utilizaron películas de color, de blanco y negro normales y sensibles a la luz infrarroja.  Las tomas se hicieron, tanto utilizando filtros, como sin ellos.  Las luces se colocaron a 45 grados y en forma rasante según el caso, empleando en las diferentes cámaras lentes tipo Macro, fuelle de extensión y microscopio óptico, según las necesidades.  En el Apéndice correspondiente se puede localizar mayores datos al respecto.

 

Mediante las macrofotografías obtenidas en color, se distinguió en la fecha entre el 4 y el 8, un guión y una mancha.

 

Con la fotografía infrarroja prácticamente se eliminaron los trazos visibles normalmente y no aparecieron otros.

 

Las fotografías tomadas con luz negra (ultravioleta) sobre material blanco y negro no aportaron mayor información.

 

Las radiografías con rayos de baja intensidad tomadas al Códice en los laboratorios del Museo de Churubusco 9, no permitieron detectar ningún elemento opaco, de interés.

 

Las fotografías mediante luz transmitida a través del documento, que podrían considerarse como una radiografía de muy baja intensidad tampoco hicieron visibles trazos ocultos a la vista.

 

 

 

 

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9. El estudio estuvo a cargo del Ing. Enrique Ibarra, experto radiólogo que ha enseñado la materia durante muchos años.

 

 

 

Varios otros fotógrafos retrataron el Códice, destacando el Mtro. Ramón Viñas, quien logró magníficas ampliaciones, que permitieron descifrar el contenido, sobre todo las inscripciones en náhuatl.

 

También estudió fotográficamente el documento el ya mencionado centro de restauración denominado “El Taller”, cuyo informe puede consultarse en los apéndices, en el que menciona que la observación mediante luz ultravioleta:

“presenta una veladura sobre toda la superficie”

... la fotografía infrarroja “no muestra absolutamente ningún rasgo.  Esto nos hace suponer que no se trata de pigmentos metálicos” 10. Sospecha que posteriormente comprobaría el Instituto de Física.

 

Contenido del Códice

 

En su parte central superior se lee el año 154-8, en tono rojizo.

Bajo esa fecha existen cuatro renglones escritos en náhuatl, por mano indígena, con letra bastante irregular y que están algo borrados:

         “Zano ipan in in 315031 ziu (itl in)

         Cuauhtlactoatzin omonexti(tzino)

         In totlazonantzin sihuapilli

         Gadalupe Mexico”.

                            Según el Mtro. Rafael Tena.

 

El dibujo que en la parte central izquierda llama la atención es un indígena hincado, casi de perfil, con la vista hacia el lado derecho portando el clásico ayate anudado sobre el hombro derecho.

 

Hacia donde dirige la mirada ese indígena destaca una imagen de la Guadalupana en medio de un óvalo de nubes, al estilo contemporáneo de Europa, no tiene corona, ni rayos, ni ángel.

 

El conjunto representa, sin lugar a duda, la última de las apariciones de Santa María de Guadalupe a Cuauhtlatoatzin (Juan Diego).  El hecho ocurre en la falda de un cerro rocoso, en el que se ven vegetales propios de esos lugares.

 

En la parte superior derecha del documento se ve, asomándose entre las cimas de unos montes distantes, el sol.  En el lado opuesto, se observa una figura pequeña que se  identificó como un indígena (Juan Diego)  también con

 

 

 

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10. El estudio lo firma Ana Catalina Izquierdo.

 

 

 

 

Ayate, y muy borrada, una imagen pequeña de la Virgen, reproducida en el grabado de Antonio de Castro.

 

En el lado derecho del documento, bajo el sol, se aprecia una construcción un tanto extraña, que no se ha podido identificar a satisfacción; y bajo ésta un indígena sentado mirando hacia el lado izquierdo, portando bastón de mando; tiene sobre el respaldo una cabeza de ave, con torrente acuoso, que se identificó plenamente como el glifo de Antonio Valeriano.

 

Bajo esta figura se puede leer: “Juez Antón vareliano”, según comprobó el Instituto de Física de la UNAM.

 

Ese glifo es similar al que ilustra el códice Aubin, 2ª. Parte (1573), aunque allí la figura se ve mirando al lado derecho.  Es también similar, prácticamente igual, incluyendo la ortografía defectuosa (Vareliano por Valeriano), al publicado por Francisco Fernández del Castillo en su libro “México y la Guadalupana” 11. (1931), al calce de la pág. 25, sin que se indique su fuente.

 

Don Joaquín Galarza, en sus Estudios de escritura tradicional Azteca-Náhuatl 12, asevera que los glifos de los nombres cristianos son un intento de reproducción fonética del castellano, dicho que es aplicable al que nos ocupa, y que explica la cabeza de ave, y la corriente de agua, ya que sería la reproducción fonética para el nombre “Antonio”, atl – tototl (agua-ave).

 

Según Becerra Tanco, los antiguos mexicanos acostumbraban pintar el glifo correspondiente al Señor que gobernaba por los años en que acontecía el evento 13 que se ilustraba, por lo que podemos entender que entonces gobernaba dicho Juez.

 

No se tiene certeza de la fecha de nacimiento de Valeriano, Torquemeda 14 nos dice:

 

“D. Antonio Valeriano, indio, natural de Atzcapotzalco, a una legua de esta Ciudad, gobernador de la parte de ese pueblo de S. Juan que llaman tenuchtitlán  que habiendo  salido buen latino, lógico y filósofo, sucedió a sus

 

 

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11. México y la Guadalupana, no obstante su sencillez es una obra que contiene amplia información guadalupana, siendo una aportación brillante del que fuera Director del Archivo General de la Nación.

12. A.G.N. 1979, págs. 99 y 100 fig. “a”.

13. Felicidad de México ... 1675 Foja 12.

14. Citado por Lauro López Beltrán en el Autor del Relato Original Guadalupano, De. Tradición 1981. pág. 69.

 

                             

 

Maestros en leer la Gramática en el Colegio de Tlatelolco, y después de esto fue elegido para gobernador de México y gobernó más de 35 años a los indios de esta Ciudad, con grande aceptación de los virreyes y edificación de los españoles; y por ser hombre de buen talento el Rey tuvo noticia de él y le escribió una carta muy favorable.  Murió el año de 1605.  A su entierro, que fue en el Convento de S. Francisco, en la capilla de S. José se hallaron muchos gentíos así de indios como de españoles, saliendo a recibir su cuerpo toda la comunidad, como quien tanto merecía.  Cuando murió estuve presente, y entre otras obras, me dio un Catón traducido a lengua mexicana, cosa cierto muy para estimar”

 

Ese mismo autor, en el Cap. X, de su Monarquía Indiana, confirma: “... entre los cuales se señaló Antonio Valeriano, que después enseñó (latinidad) en el mismo Colegio y fue gobernador de México casi cuarenta años...”15.

 

En el prólogo del Sermonario de Fray Juan Bautista, citado por Joaquín García Icazbalceta, en Bibliografía... 16, pág. 475, se amplía ligeramente la información sobre Valeriano:

“... gobernó a los indios mexicanos por más de treinta años con gran prudencia y rectitud y murió el año pasado de 1605, por el mes de agosto”.

En el códice Aubin, segunda parte, dentro del año 3 Calli, 1573 se indica además de su glifo el siguiente texto:

“Vino el juez Antonio Valeriano hoy domingo, se hizo cargo de su puesto a 11 de enero”.

Es de notar que dice “Vino el juez ...” es decir ya había sido juez anteriormente.

Beristaín indica que gobernaba ya por 1570.

 

En los Cantares de México publicados en 1899 por el Dr. Antonio Peñafiel dentro de su Colección de Documentos para la Historia mexicana citado por D. Primo Feliciano Velásquez en la pág. 62 de la Aparición de Santa María de Guadalupe, en 1565 Antonio Valeriano era gobernador de Atzcapotzalco.

 

Haciendo conjeturas, Mariano Cuevas S. J. Estima que Valeriano debe haber nacido hacia 1516 (Album...p. 73)17, por lo que en 1548 tendría unos 32 años.

 

Todo lo anterior indica que Valeriano pudo ser ya juez cuando se elaboró el Códice.

 

 

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15. Torquemeda, Monarquía Indiana. Libro V. Cap. X.

16. Bibliografía Mexicana del Siglo XVI, JGI. Fondo de Cultura Económica 1958. 591 págs.

17. Album Histórico Guadalupano. México 1930. Pág. 73.

 

 

 

 

 

En la parte central inferior del documento que nos ocupa, ligeramente cargada hacia el lado derecho se aprecia la firma que hoy se sabe es de Fray Bernardino de Sahagún.

 

Hacia la izquierda al calce y bajo el indígena hincado se puede leer: “Omomoquili Cuauhtlactoatzin”, “murió dignamente Cuautlactoatzin”.

 

Traducción de las Inscripciones

 

En la parte superior al centro del documento se ve con toda claridad el referido “154-8”, con un guión y una mancha entre los número “4” y “8”.  Debajo de la fecha, hay una inscripción:

De sus cuatro renglones en náhuatl se efectuaron dos traducciones, la primera debida al Pbro. Mario Rojas Sánchez, quién propuso:

“....cuauhtlactoatzin.... aparecida 15º31?... nuestra amada madrecita niña Guadalupe México”.

Por su parte el maestro Rafael Tena propuso:

“También en este año de 1531 se apareció a Cuauhtlactoatzin nuestra amada madre la Señora de Guadalupe en México”.

 

Para la inscripción al calce del lado izquierdo el primer nahuatlato tradujo:

“Murió dignamente Cuauhtlactoatzin”, y el segundo: uniendo la data del documento indicó: “En 1548 murió Cuauhtlactoatzin”.

“Cuauhtlactoatzin”, según Carlos de Sigüenza y Góngora, era el nombre de Juan Diego previo a su Bautismo; de él se sabe, por diferentes documentos, que murió precisamente en 1548.

 

Tintas Usadas

 

Fue éste el reto más grande al que se enfrentó la investigación particularmente debido a la condición impuesta de no dañar el Códice, por o que el Instituto de Física propuso las técnicas denominadas: espectroscopia al infrarrojo y espectroscopia “Pixe”, siglas de Particle Induced X-Ray Emisión.

Las personas interesadas en conocer en detalle las difrentes técnicas podrán consultar los informes y espectros en los apéndices respectivos, ya que aquí únicamente se exponen en forma somera los métodos utilizados y los resultados más relevantes.

 

El análisis por espectroscopia al infrarrojo permitió obtener espectros que facilitan la detección de diferentes enlaces atómicos y estructuras de compuestos orgánicos y de componentes presentes en las tintas.

 

 

 

 

 

Se obtuvieron 16 espectros de otras tantas zonas del Códice; los espectros permitieron asegurar que no existen en el documento ninguna resina ni polímeros sintéticos, por lo que los tintes empleados son de origen natural.

Se detectó que existen diferentes tipos de tintas.

 

La técnica Pixe requiere de un haz de protones para excitar los electrones de los átomos en donde incide, los cuales emiten rayos X, de determinada energía característica para cada elemento químico, pudiéndose, no sólo identificar éstos sino cuantificarlos, respecto a un patrón escogido.

Dicho así, suena sencillo; pero es conveniente mencionar que sólo la obtención del haz de protones requiere de un acelerador tipo Van de Graff, que en el caso del Instituto de Física está contenido en un edificio de unos veinte metros de alto, que hace prohibitivo contar con él para la mayor parte de los laboratorios.  Normalmente dicho haz se obtiene al vacío, por lo que fue necesario diseñar y construir un aditamento sumamente ingenioso para poder bombardear, en la atmósfera, el Códice.

 

También se usó un rayo láser para determinar el lugar en donde debían incidir los protones que son invisibles al ojo.

Los rayos X producidos se captan en un detector, al que se acopló una computadora que permite obtener los espectros o picos, mediante los cuales se identifican los elementos presentes y que es posible cuantificar con el empleo de patrones adecuados.

En la investigación se escogieron 13 zonas de interés, en cada una de las cuales se detectaron unos 17 ó 18 elementos, pero en cantidades sumamente bajas, cuya presencia se explica la mayoría de las veces como impurezas, más que como componentes.

Los elementos que se cuantificaron como presentes en cantidades relativamente altas fueron el calcio (Ca), que por haberse encontrado en todas las zonas es posible que se trate del elemento que quedó en la piel durante los tratamientos de curtiduría y depilado.

Los otros dos elementos que le siguen en cantidad son el azufre (S) y el cloro (Cl), que seguramente están formando sulfatos y cloruros, quizá el calcio y sodio, que también son componentes debidos a esos mismos procesos.

Al no haberse detectado sino trazas de fierro (Fe) y cobre (Cu), que eran esperados debido a que la composición de muchas tintas del tipo taninos de agallas, muy usadas en la época, y en cuya fórmula se emplean generalmente caparrosa verde o azeche (ver fórmula), es posible suponer que las tintas usadas son de origen orgánico, animal o vegetal, como podrían ser la sepia, que proviene de un molusco marino llamado jibia, parecido al calamar, o bien de plantas como el palo de Campeche o Brasil o la llamada hierba de la tinta que es la Corylaria thimífolia.  Lo anterior es congruente con los resultados obtenidos mediante la espectroscopia al infrarrojo.

 

 

 

Según una investigación realizada en la Biblioteca Nacional de Madred por la Sra. Angelines F. de Llaca, se logró conocer la fórmula de una tinta ampliamente usada en 1548  18, cuyos principales componentes son:

 

         Agallas de Valencia                                    4 Oz. (114.8 gr)

         Vitriolo de Flandes/                          4 Oz. (114.8 gr)

         Caparrosa

         Goma Arábiga                                   3 Oz. ( 86.1 gr)

         Vino blanco                                       1 Azumbre (2.016 Lts)

 

La conclusión final del extenso estudio del Instituto de Física de la UNAM es apodíctica:

“De acuerdo con los elementos técnicos anteriores, existen evidencias suficientes para presumir la autenticidad del Códice 1548 como documento elaborado en el siglo XVI”

 

Dr. Víctor M. Castaño

Jefe del Departamento

 

Investigación de la fecha de elaboración del Códice

 

El Instituto de Física de la U.N.A.M. en su propuesta, para el estudio del Códice, con fecha 10 de julio de 1996 (vid. Apéndice), indicó en el apartado 2:

“Muy probablemente, el mejor argumento técnico para asegurar la fecha aproximada de la elaboración (de) dicho documento es la autentificación de la firma que en el mismo aparece...”, firma clara de fray Bernardino de Sahagún.

Sugerencia muy atinada y coincidente con los trabajos ya emprendidos para entonces.

Según el estudio de la firma de Fray Bernardino en el Códice, el Dr. Charles E. Dibble, opinó que la fecha probable de ésta debe estar entre 1550 y 1560.

 

El Dr. Dibble nos da una magnífica aproximación de la data del documento según su colección de firmas del fraile, Cuenta con dos muestras de esa firma: una de 1547 y tres de 1563.  Quizá pudo ser aún más fina su apreciación y haber dicho que la firma en el Códice es posterior a 1547 y anterior a 1563, lo que definitivamente hubiera ubicado la data dentro de un año coincidente con la fecha escrita y más probable, dado el contenido del Códice que habla de la muerte de Juan Diego (Cuauhtlatoatzin) ocurrida precisamente en 1548, según varios anales a los que nos referimos adelante.

 

 

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18. Año 1548, Juan de Icíar: Recopilación subtilissima... zaragoza, p. 18. Citado en Fórmulas españolas de la tinta caligráfica de los siglos XIII A XIX.

 

 

 

Una vez que han determinado los expertos que, tanto el documento en general como la firma en particular, son auténticos, podemos darle crédito a la data que aparece en el mismo.

Se hace notar que la fecha dice 154-8, no precismanete 1548, dato que hace suponer validamente que quien lo escribió, seguramente un natural, no era experto en la numeración arábiga, que sí dominaban los misioneros y europeos.  Continuamente cometían este tipo de cambios 19.

 

El Dr. Xavier Noguez en Documentos Guadalupanos (Pag. 55), nos informa que en Anales de Puebla y Tlaxcala se traduce:

“Año de 1548.  Se dignó morir Juan Diego a quién se le apareció la muy venerable y preciosa Señora de Guadalupe de México”.

El mismo autor dentro del Añalejo de Bartolache o Manuscrito de la Universidad, del que habla en la pág. 57, dice:

“Año Tpetl, 1548. Se dignó morir Juan Diego a quién reverencialmente se le apareció la preciosa Señora de Guadalupe de México. Granizó en el cerro blanco”.

Jesús García Gutiérrez, en su Primer Siglo Guadalupano, edición 1945, cita en la pág. 24 los Anales de la Catedral, en donde traduce:

“1548 Murió Juan Diego, al cual se dignó aparecer la amada Señora de Guadalupe de México”.

 

Por otro lado el Bando de México después de una investigación muy acuciosa certificó que la firma de Fray Bernardino de Sahagún fue hecha por su mano, lo cual nos asegura que fue escrita antes de su muerte en 1590, y según Alfredo Chavero, ya en 1563 dicho fraile “tenía el pulso muy cansado”, esto es, acusaba un temblor imposible de ocultar, temblor que no aparece todavía al firmar el Códice.

 

Historia probable del Códice

 

Entre los brillantes alumnos, que luego fueron maestros, del Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, fundado por Fray Juan de Zumárraga se entabló una sólida amistad con Juan Diego, al que acudían para escuchar de sus labios la deliciosa narración de las apariciones guadalupanas.  El más aventajado de ellos, Antonio Valeriano fue quien más acuciosamente reunió mayor acopio de datos, hasta formar en su cabeza y sus apuntes una historia continuada, que reunía las vivencias inolvidables de Juan Diego en su trato con la Virgen.

 

 

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19. Vid. Cuestiones Históricas Guadalupanas de Bravo Ugarte, Jus 1966, p. 24 en donde trata de esas dificultades de los naturales para usar fechas del calendario europeo.

 

 

 

 

A la muerte del vidente, surgió entre ellos el plan de escribir un documento o esquela que conmemorase su amistad y admiración.  Quizá el mismo Antonio Valeriano con la colaboración de los más, elaboró nuestro Códice, “pintando las figuras de la historia y con las letras de nuestro alfabeto, la milagrosa aparición de nuestra Señora de Guadalupe y su bendita imagen”, según afirma Becerra y Tanco, en texto que reproduciremos más adelante.

Entre todos elaboraron este manusrito, dibujando el Tepeyac y su ambiente, la imagen de María en un óvalo de nubes, al estilo de Europa en aquellos momentos, y le añadieron varias inscripciones en náhuatl, con letras latinas.  Ya completo el hermoso manuscrito, pidieron a su maestro venerado, fray Bernardino de Sahagún, el apoyo de su firma, que con gusto se la obsequió, pues en esa época no estaba todavía obsesionado con el temor de que la nueva devoción pudiera degenerar en idolatría, algo que le sucederá años más tarde.

El primero en heredar este documento y otros muchos, como el Nican Mopohua, fue Fernando de Alba Ixtlixóchitl, quien lo prestaría a Luis Becerra Tanco y heredaría entre sus papeles a su hijo Juan, quién los cedió a Dn. Carlos de Sigüenza y Góngora.

Las deducciones anteriores se fundamentan en lo siguiente:

Se sabe por propia declaración de Luis Becerra Tanco que Dn. Fernando de Alba le prestó una relación de las apariciones en náhuatl, que él tradujo.  Por lo que queda establecido que ambos personajes se trataron y hablaron sobre Nuestra Señora.

Becerra Tanco esribió por 1666-1667, la versión corregida y aumentada del “papel” que presentó junto con su testimonio en las informaciones de 1666, y que se publicó en forma póstuma en 1675 con el nombre Felicidad de México... 20.  En esa publicación se incluyó la citada relación de las apariciones traducidas al castellano, escribiendo al final del folio 11:

“En dos maneras acostumbraban los Naturales de este Reyno (especialmente los Mexicanos) a conservar las noticias de sus historias, leyes, autos jurídicos, y tradiciones de sus mayores, según lo acostumbraban las Naciones racionales del Orbe.  La una era por pinturas de los sucesos, ... en pieles de Ciervo u otros animales brutos, (es nuestro caso), que curtían y aparejaban para este ministerio, a modo de pergamino blando; y en cada uno por la cabeza, o por el pie y la orla, pintaban los caracteres de los años...”.

“También ponían ... las figuras de los Reyes y Señores, en cuyo govierno venía a acaecer qualquier acaecimiento”.

 

En el folio 13 vuelta de la misma obra sigue Becerra indicando: “...digo y afirmo que, entre los acaecimientos memorables, que escribieron los Naturales sabios, y

 

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20. Felicidad de México, en el Principio y Milagroso origen, que tubo el Santuario de la virgen María Un. Señora de Gvadalvpe, Extramuros: En la Aparición admirable de esta Soberana Señora, y de su prodigiosa Imagen.

 

 

 

Provectos del Colegio de santa Cruz,..., pintaron a su usanza para los que no sabían leer nuestras letras con sus figuras y caracteres, y con las letras de nuestro Alphabeto, para los que sabían leer, la milagrosa Aparición de Nuestra Señora de Guadalupe,  y su bendita imagen”.

“... certifico aver visto, y leydo (con unos renglones añadidos de nuestras letras en el idioma Mexicano, para mejor inteligencia suya) en poder de D. Fernando de Alba ... muchos mapas, y papeles historiales, en que se referían los progresos de los antiguos Principales, y Señores, y entre los sucesos acaecidos después de la pacificación de esta Ciudad y Reyno Mexicano, estaba figurada la milagrosa Aparición de Nuestra Señora, y su bendita imagen de Guadalupe.  Y tenía en su poder un quaderno escrito con letras de nuestro Alphabeto, en la lengua Mexicana, de mano de un indio de los más provectos del Colegio de Santa Cruz, ... en que se referían las quatro Apariciones ...” (el Nican Mopohua).

 

Finalmente en la foja 21 vuelta indica:

“Luego que vio Juan Diego a la Virgen Santísima, se le humilló con profunda reverencia, como se vía en la pintura con que se figuraba la tradición, hablándole de rodillas”.

Mediante estas palabras Becerra Tanco parece estar describiendo nuestro Códice.

 

Además, por si lo anterior fuera poco, al principio de su citada obra póstuma se publicó una lámina con un tan extraordinario parecido a nuestro documento que es imposible que sea una mera coincidencia.  De dicha lámina nos dice el doctor D. Antonio de Gama en el prólogo de esa misma obra (“Felicidad de México...”):

“... algunos años antes que falleciese el Bachiller Luis Becerra Tanco, vide en su poder el (manuscrito) original añadido, juntamente con la lámina, que va estampada al principio”.

Esta lámina que se añadió en le principio del libro Felicidad de México requiere alguna explicación complementaria.  Brotó de un grabado en madera o metal, que multiplicaba fielmente las copias numerosas.  Un grabador andaluz saboreó tantos destalles bellos de este dibujo y lo volvió a reproducir , con una ingenua cauda de datos risueños, como la procesión o río de rosas, que parte del ayate para formar la Imagen Mariana estampada en su burda textura; o la fijación de la hora (“era sábado, muy de madrugada”) con la mirada curiosa del sol, que apenas se asoma entre los nevados del fondo.

 

El grabado es de la misma línea y calidad de los “Han-ga” japoneses, que tallan la figura en madera, de forma que se pueden obtener luego copias casi innumerables.  La primera vez que fue usada una de estas copias para la publicación de un libro, fue como adorno de la “Felicidad de México”, obra preclara de Becerra Tanto, en 1675.  Pero el grabado original es sin duda muy anterior a esta fecha, de finales del siglo XVI hacia 1590, como lo prueba con razones técnicas, entro otros, el Maestro Jenaro Estrada.

 

 

 

La cuna de esta copia del Grabado no estuvo acá en México, como el original, sino en algún lugar de España, probablemente Sevilla, ya que en el ángulo inferior derecho se ve una construcción parecida a la Capilla del Sagrario, anexa a la hermosísima Catedral hispalense.

La cabeza de Juan Diego, y sobre todo su rostro, están dibujados por alguien que nunca vio de cerca de ningún indio; son rasgos plenamente hispanos, nariz aguileña, occipucio muy salido, barba puntiaguda, etc.  Lo cual por otra parte, no quiere decir que el grabador (de nombre e identidad desconocida) descuidara informarse pormenorizadamente, con alguien que fue allá desde México y que le dio detalles bastante exactos sobre la topografía, costumbres y circunstancias del hecho guadalupano.

 

La laguna, por ejemplo, llega hasta las faldas de la Colina; es exacto el nudo sobre el hombro derecho con que los indígenas solían sujetar la tilma, lo mismo que la sensación de aridez poco apacible con que diseña el Tepeyac, en cuya cumbre fueron las tres primeras Apariciones.

 

El Dr. Atl; tan experto conocedor de los canones pictóricos y de los secretos que cada cuadro encierra, nada más para los entendidos, cuando vio la copia de este Grabado lo ponderó, con énfasis no muy común en su estilo, lo admiró y conluyó definitivamente: “Este no puede ser más que del siglo XVI”

En el pie del Grabado hay una leyenda, con detalles que son casi exclusivos de ese siglo, como escribir con un solo trazo el lado derecho de la “A” y la “p” que sigue, en la palabra “Aparecida”. La leyenda dice “Nuestra Sa. De Guadalupe Aparecida en México”.

 

El gran conocedor de arte que fue Luis González Obregón, tenía una marcada predilección, por este Grabado y en varias ocasiones se ocupó de él. Escribe: “toda esa lejanía del Cerro que aparece a la izquierda del espectador, con su singular vegetación, es típica y característica del siglo XVI”.

 

También hacía fuerza el erudito González Obregón para identificar la fecha del grabado, el hecho de que las tres veces que aparece en él la figura de María, está sin corona, la malhadada corona que le repintaron a la Virgen y que aparece pronto en todas las copias del XVII y XVIII.

 

De nuestro Códice 1548, salió la inspiración para el grabado “sevillano” y además para otro, del grabador Antonio de Castro, inspirado también, hasta en detalles mínimos, sobre el Códice y al que el historiador Mariano Cuevas S.J. califica como “el retrato más antiguo de Juan Diego”.  Este segundo grabado es muy cercano al Códice 1548 y resucita muchos rasgos que están ahora semiborrados, como la Imagen de María en la aparición primera, en el cerro, que apenas se adivina en el Códice, junto a Juan Diego conservado con mucha mayor claridad.

 

 

 

Todo lo cual asegura que el grabado fue encargado a Antonio de Castro, quien muy probablemente se inspiró para él en nuestro Códice, proporcionado por Becerra Tanco.

En 1666 Becerra Tanco publicó su Origen milagroso que tubo el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe..., que fue la primera versión de Felicidad.., pero en esta obra incluyó, en vez de la mencionada primera lámina (el grabado sevillano), una Imagen Guadalupana, firmada por el grabador don Antonio de Castro, inspirada en el Códice 1548.  Posteriormente, en otra edición de Felicidad de México, el grabado que se anexó fue el sevillano.  Por multitud de detalles coincidentes, ambos grabados se derivan del Códice 1548.

La primera lámina, la de “el retrato más antiguo”, también se publicó en 1669 en una obra llamada Poeticum Viridiarium in Honorem, Laudationem... Sacratissimae Dei-Generatricis Mariae México.  Viuda de Bernardo Calderón.

 

Respecto a la conjetura de que Sigüenza y Góngora poseyó nuestro Códice, se deduce del hecho que él conservó todos los documentos pertenecientes a Alba Ixtlixóchitl, recibidos mediante donación efectuada por Juan de Alba, Con Carlos Do Carlos de Sigüenza y Góngora en su Piedad Heroica de Fernando Cortés 21, escrita hacia 1690, menciona que el nombre náhuatl de Juan Diego era Cuauhtlactoatzin (el que habla como águila). Tal dato es de suma importancia en nuestra investigación, ya que fue Sigüenza el único que utiliza con absoluta seguridad dicho nombre, sin haber comunicado nunca la fuente en que se basó.

Con el descubrimiento del Códice se encontró el único documento anterior al de Sigüenza y, por lo mismo, la posible fuente de su afirmación, ya que en el Códice se menciona dos veces ese nombre de Cuauhtlactoatzin.  Lo anterior autoriza, con sobrada razón, a pensar que don Carlos tuvo el Códice 1548 en su poder.

 

Ya en nuestros días, en 1931, se publicó una modesta obra con el nombre de “México y la Guadalupana”, de la que fue coautor nada menos que el director del Archivo General de la Nación, don Francisco Fernández del Castillo, quién menciona en la página 9: “Ha sido nuestro deseo que las ilustraciones, hasta lo posible, sean numerosas, inéditas o poco conocidas”.

 

Al igual que para las citadas láminas, en las que es inconcebible que quién las haya hecho (Antonio de Castro) no se haya inspirado en el Códice, ahora es esa pequeña obra se localiza en la parte inferior de la página 25, un glifo, a todas luces copiado del Códice, y que corresponde al extremo inferior derecho, en que se representa a Valeriano.  Además de la extraordinaria similitud entre ambos glifos, en la base de los dos se lee: “Juez Antón vareliano”, en ambos con la misma falla consistente en poner “Vareliano” por “Valeriano”.

 

 

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21. Se publicó en Semana Católica 1987-1898.

 

 

 

Por todo lo antes dicho, y sabiendo que el Códice fue providencialmente firmado por Fray Bernardino de Sahagún, quién fue maestro en el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco y murió en 1590, se puede asegurar que el Códice es del Siglo XVI, de 1548, y que ha dado origen a esas ilustraciones o grabados, publicadas por primera vez las tres primeras en el siglo XVII y la restante en el XX.

 

Fray Bernardino de Sahagún y el Códice 1548

 

Conviene recordar lo escrito por Fray Bernardino en relación a Santa María de Guadalupe, porque algunos dudan de la autenticidad de la firma, recordando la oposición posterior de Sahagún al guadalupanismo.  Piensan que nunca hubiera estampado él su autógrafo, contra sus propias convicciones.  Pero este momento en que firma la esquela de sus alumnos, en recuerdo del amable Juan Die-go, es anterior a sus dudas y oposición.

En el apéndice al libro XI, de su Historia General de las Cosas de Nueva España en la pág. 704, de la edición Porrúa (1975), “Sepan cuantos...”, aparece en el # 7, el juicio, que se ha tomado como contrario a las apariciones guadalupanas; dice así:

 

“Cerca de los montes hay tres o cuatro lugares donde solían hacer muy solemnes sacrificios, y que venían a ellos de muy lejas tierras.  El uno de éstos es aquí en México donde está un montecillo que se llama Tepeácac, y los españoles llaman Tepeaquilla, y ahora se llama Ntra. Señora de Guadalupe.  En este lugar tenían un templo dedicado a la madre de los dioses que llamaban Tonantzin, que quiere decir Nuestra Madre; allí hacían muchos sacrificios a honra de esta diosa, y venían a ellos de muy lejas tierras, de más de veinte leguas, de todas estas comarcas de México, y traían muchas ofrendas, venían hombres y mujeres y mozos y mozas a estas fiestas; era grande el concurso de gente en estos días, y todos decían vamos a la fiesta de Tonantzin; y ahora que está allí edificada la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, también la llaman Tonantzin, tomada ocasión de los Predicadores, que a Nuestra Señora la Madre de Dios la llaman Tonantzin”.

“De dónde haya nacido esta fundación de esta Tonantzin no se sabe de cierto; pero esta sabemos de cierto que el vocablo significa de su primera imposición a aquella Tonantzin antigua, y es cosa que se debería remediar porque el propio nombre de la Madre de Dios Señora Nuestra no es Tonantzin, sino Dios y Nantzin; parece ésta una invención satánica, para paliar la idolatría debajo la equivocación de este nombre Tonantzin, y vienen ahora a visitar a esta Tonantzin de muy lejos, tan lejos como antes, la cual devoción también es sospechosa, porque en todas partes hay muchas iglesias de Nuestra Señora, y no van a ellas, y vienen de lejas tierras a estas tierras a esta Tonantzin, como antiguamente”.

 

 

Al leer esos párrafos es importante aclarar que la deidad femenina denominada “Tonantzin”, es diferente del vocablo náhuatl tonantzin y que simplemente significa “nuestra madre”.  Con ello se disipa una confusión muy común, ya que, incluso en la actualidad se dice vamos a visitar al Tepeyac, a nuestra Madre, expresión que para el indígena de lengua náhuatl siempre incluirá el vocablo “tonantzin”, pero sin referirse a la deidad prehispánica.

 

Otra reflexión conveniente, es la referente a las multitudes que venían al “Cu” de Tonantzin.  En verdad que existió éste pero no hay ninguna noticia de que hubiera sido una gran pirámide ni que el ídolo en sí haya sido algo grandioso; en cambio el culto a Santa María de Guadalupe si lo ha sido ya desde el principio, según escribió el propio Fray Bernardino, y como lo prueban la serie de templos que desde entonces se han venido sucediendo hasta nuestros días, cosa que no ocurrió en la antigüedad con el culto pagano a Tonantzin.

Además el “Cu” pagano estuvo en la cima del Tepeyácac, y los santuarios de la Virgen de Guadalupe siempre han estado construidos en el llano, cerca del cerro.

Por lo que se refiere a la frase de Sahagún: “De dónde haya nacido esta fundación de esta Tonantzin (nuestra madre) no se sabe de cierto, ...”, que es la que ha causado mayor controversia, al suponerse por algunos que el fraile era antiaparicionista; pero también tiene una explicación por demás sencilla:

A este extraordinario misionero le tocó vivir varias etapas del guadalupanismo dentro de la Seráfica Orden:  Llegó a Nueva España en 1529, por lo que estuvo sujeto al primer obispo de México, Fray Juan de Zumárraga también franciscano, hasta la muerte de éste último ocurrida el domingo 3 de junio de 1548.

Durante dicho período acontecieron las apariciones guadalupanas, de las que fue partícipe el Señor Obispo, quién las aceptó después de las pruebas mostradas por Juan Diego y la curación milagrosa de Juan Bernardino, ya que, de no haber sido así hubiera prohibido tal devoción, cosa que no hizo, sino que la fomentó, al mandar construir una ermita según el deseo de la Virgen María, deseo comunicado mediante los dos videntes, Juan Diego y Juan Bernardino.

 

Al morir Zumárraga el arzobispado quedó con sede vacante y fue entonces cuando algunos franciscanos, precisamente por la creciente devoción que existía hacia Nuestra Señora de Guadalupe, temieron que su culto se pudiera tornar en idolatría, por lo que sabiamente dejaron las cosas al tiempo, no oponiéndose a dicha devoción, pero tampoco promoviéndola.

 

Fue ya en ese tiempo, siendo ya provincial de los franciscanos Fray Francisco de Bustamante 22, cuando Sahagún escribió aquel párrafo, en donde, contra lo que se ha querido ver, refleja más bien sólo la obediencia debida al superior, pero sin negar las apariciones, dejando el asunto de su origen como algo que “no se sabía de cierto”, ya que la Iglesia aún no se había definido en ningún sentido al respecto.

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22. Nació en 1485, llegó a N.E. en 1542, profesor de Retórica en el Colegio de Santa Cruz de T. Provincial franciscano hacia 1554, suspendido en 1556 y reelecto en 1560.  Muere en 1562 en Madrid.

 

 

En 1552 llega a Nueva España el nuevo arzobispo, Fray Alonso de Montúfar 23, de la Orden de Santo Domingo, ocupando la sede, vacante desde hacia cuatro años, durante los cuales la autoridad superior en la arquidiócesis fueron los Provinciales de las diversas Ordenes; encontró que la ermita de Guadalupe había sido descuidada por los frailes franciscanos.

 

Fray Alonso, decidió entonces retirar de la jurisdicción franciscana la ermita de Guadalupe en el Tepeyac, y promovió con gran vigor la devoción guadalupana, construyendo una nueva iglesia y predicando en su favor teniendo gran cuidado de aclarar el concepto católico de las imágenes, que se les venera por lo que representan, no por lo que son.

El auge que dio al culto guadalupano fue tan grande que algunos han puesto en Montúfar su origen, olvidando tradición e historia.  Tuvo lugar entonces del doloroso caso Montúfar-Bustamante, que necesariamente vivió Sahagún, quién deseaba ardientemente evitar la idolatría de los naturales, según se desprende de lo escrito por él en el prólogo de su Historia (P.17):

“...porque otros muchos pecados hay entre ellos muy más graves y que tienen gran necesidad de remedio: Los pecados de la idolatría y ritos idolátricos, y supersticiones y agüeros, y abusiones y ceremonias idolátricas, (que) no son aún perdidas del todo”.

 

El Provincial franciscano y por lo tanto Superior de Fray Bernardino, Francisco de Bustamante, para dicha de los antiaparicionistas, pronunció lleno de ira, su controvertido sermón, asegurando que la Santa Imagen de Nuestra Señora había sido pintada por el indio Marcos, cosa que nunca comprobaron ni intentaron comprobar, ni él ni nadie; sólo algunos siguen repitiendo tal dicho, sin reflexión ni estudio, sin percatarse de la  serie de problemas insolubles que entraña sostener tal infundió: por ejemplo: la Imagen está “pintada” en un débil soporte de ayate, que dura apenas veinte años; la técnica empleada es desconocida, y su estilo diferente al indígena, siendo verdaderamente increíble que los “conocedores” del arte colonial hayan podido imaginar que lo dicho por Bustamante pudiera tener algún fundamente serio y científico.

 

Es más, si ahora alguien quiere seguir sosteniendo eso, debe tratar de fundamentarlo, razonando con lógica; pronto verá que no es posible, por las dificultades sin solución en que se adentra; sencillamente no se puede hacer verdadero lo inventado, como consecuencia de un simple arranque de ira contra su Arzobispo; quién les había retirado de su jurisdicción la concurrida ermita de Guadalupe y quién además promovía la devoción guadalupana, que ellos consideraban peligrosa.

 

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23. Nace en 1498. Catedrático de Filosofía, dos veces  prior de los Dominicos en Granada.  Llega a N. E. En 1552, como segundo arzobispo de México.  Convocó al primer Concilio Mexicano en 1555. Muere en México en 1572 según Códice Aubin.

 

 

 

Sahagún, hacia 1585 escribió, con motivo de una revisión que hizo al libro nono de la obra mencionada:

“...algunas cosas se pusieron en la narración de esta conquista, que fueron mal puestas, y otras se callaron, que fueron mal calladas”.

Confesión de gran valor para el caso.

En el Libro de los Coloquios 24 escribió Fray Bernardino dentro del capítulo “Al prudente lector”:

“... en este Colegio de Santa Cruz del Tlatilulco este sobredicho año (1564) con los colegiales más hábiles y entendidos en lengua mexicana y en la lengua latina, que hasta agora se an en el dicho colegio criado; de los quales uno se llama Antonio Valeriano, vecino de AzcapuCalco, ...”.

 

Este indio elogiado por el fraile fue quien, según juramente de Carlos De Sigüenza  y Góngora, escribió el Nican Mopohua, relación de las apariciones con todos sus detalles.  ¿Cómo pudo haber escrito dicho documento sin haberlo comentado con Fray Bernardino?  Es normal que el haber escrito Sahagún que el origen de aquella fundación no se sabía de cierto, fue porque la Iglesia aún no se declaraba al respecto, o quizá por la mencionada obediencia o incluso por evitar alguna idolatría que tanto temía; pero no por ser antiaparicionista.

 

¿Por qué no había esas masivas peregrinaciones en otros templos consagrados a María bajo otras advocaciones? Obviamente porque la devoción a Santa María de Guadalupe era la única que procedía de Apariciones de la Virgen en la Nueva España, era más suya.

Por todo lo dicho, Sahagún estuvo enterado de las apariciones y fue a la muerte de Juan Diego, cuando nació el códice 1548; en el cual da fe, tanto de las apariciones como de la muerte del vidente.  La firma de Fray Bernardino estampada en él, cuando aún se fomentaba esa devoción por los franciscanos, es una prueba más del origen histórico de la tradición guadalupana, del culto universalmente aceptado al que dio origen y de la antigüedad e historicidad del Códice 1548.  Quizá Sahagún no hubiera estampado ya su firma si fuera este Códice algunos años posterior a 1548.  Una prueba más de su antigüedad.

 

 

 

 

 

 

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24. Colloqvios y Doctrina christian con que losdoze frailes de san francisco enbiados por el papa adriano sesto y por el Emperador Carlo quinto; convertiero alos indios de la Nueva España, elegua Mexicana y Española. Original trunco en la Biblioteca secreta del Vaticano, armario I. Volumen 91.

 

 

 

 

Conclusiones

 

El códice 1548 representa dos de las apariciones guadalupanas al ahora beato Juan Diego, concretamente la cuarta más claramente, la del 12 de diciembre de 1531, la única en que los protagonistas estuvieron en la falda del cerro.  La primera, en la cumbre, muestra claro a Juan Diego, pero borrada la Imagen de la Virgen, como ya se dijo, y bien reproducida por Antonio de Castro que la vió cuando aún no la había borrado el tiempo.

El documento nos indica también el nombre primitivo del vidente: Cuautlactoatzin quién, después del bautismo se llamó Juan Diego, muriendo en 1548 según los documentos anteriormente conocidos y coincidiendo ello en la data del Códice en donde se habla de su muerte.

 

Este Códice ratifica lo falso del argumento del silencio universal y del supuesto antiguadalupanismo de Fray Bernardino de Sahagún, quién sólo tenía temor que el gran culto hacia la Imagen se desviara a una idolatría, a la que, según él, eran propensos los naturales.

 

También, aunque indirectamente, nos confirma la aparición de María a Juan Bernardino, y por lo mismo su existencia, ya que él fue quién, transmitió el deseo de la Virgen, de ser conocida como Santa María de Guadalupe, nombre que está escrito en el Códice, con un error, pues dice “Gadalupe”, algo normal cuando los indígenas escribían nombres extranjeros.

 

Por todo lo anterior el Códice viene a llenar el “silencio” o vacío de documentos que hacía dudar a algunos sobre la historicidad de las apariciones.

 

 


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